Opinión

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En esta página, se reflejan las opiniones del Autor, con referencia a preguntas frecuentes de quienes se interesan en el tema y han escuchado versiones clásicas. Lo que sigue a continuación, no pretende ser la verdad revelada, sino que se remite a emitir una opinión.

1) ¿Qué significa ser de un signo?
2) Astrología, una pseudociencia?
3) Tendencias en la Astrología
4) Dialogando

 

¿Qué significa ser de un signo?

En el afán reduccionista y vulgarizador de quienes optan por el camino más corto, fácil y rentable, nos hemos acostumbrado a escuchar que los de Aries son… o los de Virgo en cambio son… por no hablar de los de Libra que son… y así sucesivamente con todos los signos zodiacales.
Ahora pasaremos a explicar que se entiende por ser de Piscis, Leo o cualquier otro. La tierra en su movimiento orbital alrededor del sol se demora un año. Para ser exactos, tarda 365,2422 días.
El zodíaco de los signos, que es con el cual trabajamos y no de las estrellas, está conformado por un círculo de 360 grados. Al demorarse 365 días y una fracción, en realizar este recorrido completo, significa que en algunos períodos del año estará ocupando una porción específica de su órbita.
Como el Sol es el eje de nuestro sistema solar, indica que siempre lo observaremos ocupando el centro, visto desde la tierra. Imaginemos que los signos del zodiaco son como una especie de telón de fondo donde se proyectan los planetas, la luna y todo lo que observamos en el espacio.
Esto quiere decir, por utilizar un ejemplo cualquiera, que en el período comprendido entre el 21 de diciembre y el 20 de enero, veremos al Sol en el centro y al fondo el signo Capricornio. Si el período es entre el 21 de enero y el 20 de febrero, veremos al Sol en el centro y al fondo el signo Acuario. De la misma forma veremos al Sol pasando por Sagitario, Tauro, Cáncer, Géminis o Escorpión, en los períodos correspondientes.
Esto ocurre todos los años exactamente en las mismas fechas, excepto en aquellas que estamos más o menos cerca del Año Bisiesto, en que puede ocurrir que esto suceda un día antes o después. Sin embargo, un mapa del cielo contempla la posición celeste de todos los planetas del sistema solar, incluyendo la luna.
No obstante, dependiendo del día, el Sol se ubicará en uno u otro grado del círculo zodiacal. Por ello es importante conocer con exactitud la fecha completa, puesto que habrá una posición particular que no se volverá a repetir en muchos siglos.
Además, el día, el mes y el año específico nos permitirán ubicar a los planetas en una posición especial. Como decíamos antes, el Sol, todos los años estará en un signo por las mismas fechas, pero es casi seguro que la Luna estará en otra posición e igual con el resto de los planetas de nuestro sistema.
Teniendo en cuenta que cada uno de ellos tiene una órbita de diferente tamaño, dependiendo que tan cerca o lejos esté del Sol, es muy complicado volverlos a ubicar en la misma posición que el año anterior o que muchos años después.
Para dar una idea de estas órbitas indiquemos el tiempo que cada planeta requiere para dar una vuelta completa alrededor del Sol. La luna requiere de 28 días, Mercurio 88, Venus 254, la Tierra un año, Marte casi dos años, Júpiter 12, Saturno 29,5, Urano 84, Neptuno 168 y Plutón 247.7 años.


Es fácil comprender que, lograr que las ubicaciones coincidan, demanda una gran cantidad de tiempo. Además del dato anterior, para dibujar de manera correcta el mapa astral del individuo, debemos conocer la hora con bastante precisión, pues una cosa es que veamos el Sol en el horizonte oriental que en el occidental. Este ocupará diferentes posiciones en el cielo dependiendo de la hora y cada ubicación característica exigirá una interpretación especial.
Como conclusión de lo anterior, nos falta indicar que ahora deberemos tener en cuenta la Latitud y Longitud terrestre del lugar de nacimiento. Este dato surge de las coordenadas geográficas de la ciudad natal, referencia que tenemos en cuenta los profesionales de esta disciplina.





Es decir que teniendo en cuenta las tres enumeraciones esenciales: fecha, hora y lugar natal, la multiplicidad de combinaciones es tan alta, que excede la capacidad de comprensión humana.



 

Observemos en el ejemplo anterior, como difieren las posiciones celestes en mapas que pertenecen a nacimientos ocurridos en la misma fecha, pero con latitudes y longitudes diferentes.

La Carta Astral como un organismo

Cada mapa celeste nos permite individualizar al consultante. Es decir, no podremos emplear fórmula alguna en la interpretación, dado que no existe la posibilidad de observar dos cartas iguales.
Por otra parte, debemos entender que toda Carta Astral o Tema Natal, está conformada por los 10 planetas (asumiendo como tales al Sol y la Luna), los 12 signos y las 12 casas, además de los aspectos que surgen de la relación que establecen los astros en el momento de un nacimiento.
Es fundamental entender que toda interpretación se hará teniendo en cuenta que cada componente de una Carta Astral, es un símbolo que debe ser interpretado dependiendo del caso particular. Por lo tanto los planetas o los signos no nos “hacen” nada —como la mayoría de los principiantes pretenden— sino que tienen un significado especial.
Las casas son el resultado de la división del círculo en 12 segmentos. Cada una de ellas nos permitirá entender la forma de expresión particular de nuestra personalidad, dependiendo del signo en que comiencen. A manera de ejemplo, cuando nos referimos a la casa segunda, la naturaleza se expresará diciendo “Yo tengo”, la cuarta “Yo siento”, la décima “Yo hago” o la 12 “Yo creo”. Es normal que donde comience cada una, habrá un signo diferente, por lo cual se manifestará de manera desigual.

El organismo celeste

Los signos tienen una representación simbólica en todo lo que nos rodea. Muchos aprendices saben que existe una correspondencia orgánica entre los seres vivientes y el espacio celeste. Esto significa que el zodiaco lo entendemos como un gran ser viviente, cuyos espacios definidos cumplen funciones, como los órganos en todo ser humano. Ejemplificando tomemos la energía de Tauro que en Astrología la asociamos a la garganta.
Entender la garganta, parte de la idea de entender el organismo del cual forma parte. De lo contrario no cumpliría ninguna función, ni tendría sentido. Para hacer un ejercicio práctico, trate de imaginar una garganta que no pertenezca a nada, que solo sobreviva por sí misma. Un tanto difícil, por no decir imposible.
De la misma manera entendemos el zodiaco. No podemos sacar de contexto a ninguno de los signos, porque sería como aislar el corazón para comprender al hombre, o quitarle las rodillas para justificar la forma de pensamiento de un ser cualquiera.
Así que suponer —como decíamos al principio— que los de Piscis son… es una forma vulgar de entender una disciplina tan antigua como la humanidad misma. Es obvio que en las descripciones que se suelen hacer de los signos en su forma general, siempre se acomodará a lo que nosotros suponemos que nos rige. Esto surge de la presencia de todos los signos en nuestro mapa natal.
Por otra parte, la creencia generalizada sobre la energía particular de cada signo, deriva de la experiencia particular que cada individuo haya tenido con nativos de tal o cual período del año. Además, si tenemos en cuenta que las personas hemos sido formadas en la idea que todo ocurre afuera y que somos “inocentes” al vivir las experiencias que no nos gustan, comprenderemos como proyectamos hacia el exterior lo que forma parte de nuestro interior.

En síntesis, cada vez que escuche que los de tal signo son… debe prepararse para escuchar seguidamente una tontería sin consistencia.

 

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Astrología, una “pseudociencia”

Es curioso como nuestra forma de pensamiento, nos inclina a desarrollar sentimientos que nos fortalecen o debilitan. Esto deriva de una educación sistematizada, que se aplica de manera masiva, sin contemplar la existencia del individuo como tal.
Para los educadores, todos los niños aprenden lo mismo, de la misma manera y en la misma época de su vida. Para cualquier ser pensante, esto es una aberración, pues cada uno entiende, siente o capta de una manera particular. Es obvio que las imágenes son esenciales para unos, en cambio para otros alcanza fortaleza a partir de la práctica y existen muchos que prefieren la teoría.
Tampoco es verdad que el aprendizaje sea en el mismo momento, pues las experiencias alcanzan determinado valor, dependiendo del grado de comprensión individual. No hay duda que cuando un niño queda huérfano a los 5 años, desarrollará un sentimiento diferente a aquél que le ocurre lo mismo a los 35.
Bajo estos paradigmas existenciales, quienes escuchan hablar sobre Astrología, manifiestan una cantidad inmensa de emociones particulares. Prevalecen los escépticos, que niegan cualquier posibilidad a una disciplina que, excede toda capacidad de comprensión humana.
Señalo lo anterior, dado que en los componentes históricos donde surge la Astrología, existía una forma de “ver”, “escuchar”, y “sentir”, completamente diferente a la actual. Es comprensible entonces que exista una marcada divergencia entre quienes desarrollaron un aprendizaje “científico” y aquellos que prefieren las manifestaciones psíquicas o espirituales.
Unos acusarán a los otros de “encerrados en una cuadrícula” y al contrario de “crédulos e ingenuos fáciles de estafar”.

Primero deberemos definir que entendemos por ciencia en estas épocas, para limitar el concepto de manera clara. Según el físico y filósofo austríaco Ernst Mach el conocimiento científico se diferencia del conocimiento vulgar, en que el primero es un conocimiento ordenado, sistematizado e incluso nemotécnicamente ordenado. En cambio, el segundo es una serie desordenada de conocimientos.
Para explicarlo mejor, digamos que cuando alguien dice que le duele la rodilla, es común que todos nos sentimos autorizados a sugerir alguna clase de tratamiento o medicación. Sin embargo, esto no nos acredita como médicos, quienes a través de su formación tienden a creer que de acuerdo al comportamiento fisiológico, anatómico y localizando el órgano afectado, podría diagnosticar tal o cual cosa.
Este concepto, aceptado casi de manera universal, hace que quienes sistematizan y ordenan sus conocimientos, se consideren personas serias y confiables. Pequeño error. A todos nos consta que en todas las actividades humanas predominan los comerciantes, los perezosos, los que prefieren el lucro a la honestidad y los que escogen el camino más corto y fácil.
Esto también se aplica a la astrología (con minúscula), a los lectores de toda clase de herramientas, a los abogados, los médicos, ingenieros, arquitectos, políticos, actores, músicos y toda actividad humana conocida.
La seriedad, pocas veces va emparentada con la responsabilidad. Podríamos decir que cuando vemos en televisión al pronosticador de turno, no importa que sea economista, político o astrólogo y aceptamos aquello que dice como si fuera palabra revelada o verdad absoluta, estamos pecando de un alto grado de ingenuidad. Porque uno de los factores que dejamos de lado, es preguntarnos: ¿qué tan responsable es quien opina? ¿Este señor habrá tenido en cuenta que cada uno capta e interpreta de manera particular lo que escucha? ¿Sabrá que la palabra es un aliciente fundamental para crear realidades?
Cada individuo tiene una visión particular de las cosas. Y ésta, es el resultado de sus valores, la profundidad de sus conocimientos, sus experiencias personales y los intereses subjetivos.
Regresando a la idea anterior de lo “serio” que es el pensamiento científico, nos equivocamos de cabo a rabo al suponer que validar la Astrología a la luz de una forma que sistematiza, agrupa, clasifica, etiqueta y juzga, implica alejarnos de la idea que esta disciplina, jamás podría haber surgido en estas épocas.
Con esto no estamos criticando o desvalorizando el pensamiento científico, sino tratando de encuadrar a la Astrología dentro del campo al cual perteneció desde sus orígenes. Quienes se han preocupado por averiguar cual es la trayectoria de la Astrología, saben que hubo etapas donde el verdadero poder, estaba en manos del Astrólogo. No era el emperador, ni el rey, ni el sultán, ni el faraón, ni el gran mogol quien tomaba las decisiones de fondo. Todos ellos consultaban a su sacerdote o astrólogo (dependiendo de la cultura a que perteneciera) antes de actuar. Querían saber si las estrellas favorecían sus propósitos o estaban en su contra.
Este conocimiento, en manos de individuos carentes de responsabilidad y formación ética, fueron transitando senderos que condujeron a la necesidad de anticipar acontecimientos. Actitud clásica de la tendencia cómoda y facilista del ser humano. Es notable como el saber sobre determinada herramienta, al alcance de unos, hace que los otros se sometan a las decisiones que cada uno debería tomar, de ser responsable de sí.
Históricamente, los factores de poder siempre lucharon por obtener la supremacía. Por supuesto que quienes detentaban una buena dosis de poder desde su institución, no se resignaran a compartirlo. De allí surgen los movimientos inquisitoriales y no nos referimos a la Iglesia únicamente, sino a todo ejecutor que pretende decidir sobre lo bueno o lo malo para los demás.
Un buen argumento, era que los hombres no estamos facultados para conocer el futuro, que éste reposa en manos del Ser Supremo. Este argumento es legítimo. No obstante, la necesidad humana de sentirse “superior” o con mayor poder que otro, puede más que lo que razonablemente se espera. A partir de la resistencia que ofrece cada astrólogo, frente al poder de una institución que agrupa a centenares de miembros, es lógico que la disciplina ancestral pase al oscurantismo, como tantas otros conocimientos sepultados durante siglos.
Y en materia de “inquisición” seguimos igual que siempre, pues ahora los considerados “serios”, con formación académica y certificados con un diploma expedido por alguna institución aceptada por el Estado, son quienes determinan qué es serio y qué no lo es. Estos, condenan a la hoguera sin escuchar argumentos y sin haber investigado nada diferente a quedarse en la superficie argumentativa.
Por otra parte, nos encontraremos con individuos que —mezclando el conocimiento racional con el misticismo— deciden “crear” una astrología contemporánea. Así surge el movimiento Teosófico, liderado por Madame Blavatsky. Esta aristócrata rusa, delega en Alan Leo, inglés de nacimiento, la responsabilidad de difundir la Astrología. Éste, fue el más famoso astrólogo del siglo XIX. Muchos lo consideran como el padre de la astrología moderna, dado que provocó la renovación de la astrología en Europa.
No obstante, en ese momento histórico habíamos perdido nuestra capacidad de pensamiento analógico por el pensamiento secuencial que inspira la investigación racional y científica. Imbuido entonces de una mezcla de racionalismo y misticismo, dicta nuevos parámetros y técnicas que aún hoy, siguen la mayoría de astrólogos convencionales. Pocos se cuestionan si Alan Leo es el verdadero maestro o si respondió a sus intereses personales.
En síntesis, hay una astrología que deriva de una forma de pensamiento global, analógico y que parte de la utilización de ambos hemisferios del cerebro interconectados (como en la antigüedad) y una de pensamiento lineal, secuencial y que parte de la utilización del hemisferio izquierdo.
Es decir, uno capta el conjunto y el otro el detalle. El primero sabe que la suma de las partes nunca será igual al todo y el otro piensa lo contrario. Así que cuando los racionalistas dicen que la Astrología es una “pseudociencia”, afirman lo correcto. Pero esto no es una pretensión de los astrólogos como ellos suponen, sino de los inseguros que pretenden salirse del rol de la cenicienta de las ciencias, para ser aceptado por sus hermanas mayores, como si ellas hubieran creado la única verdad. Personalmente me adhiero a este argumento, que pertenece a una persona a quien admiro profundamente, el astrólogo catalán Armando Rey.

 

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Tendencias en la Astrología

Por Norberto Miguel García

Existe una cantidad colosal de teorías, sobre el origen de esta disciplina. De todas ellas, me adhiero a la idea sustentada en que el hombre en la antigüedad, tenía una relación más estrecha con su entorno, de la que podemos lograr ahora.
Tenía tiempo suficiente para observar el discurrir de los fenómenos celestes, pues no tenía dificultades con el tránsito, ni la angustia de llegar con tiempo suficiente al banco, o la de lograr alcanzar el medio de transporte que le permita cumplir con la hora de entrada a su trabajo.
Además, el no contar con las taras actuales derivadas de la polución, la contaminación visual y la inmensa profusión lumínica de las ciudades, me permito suponer que el hombre “veía”. Ahora simplemente miramos y rara vez tenemos conciencia de lo que pasa frente a nuestros ojos. Esto —indudablemente— tiene que generar formas de pensamiento diferentes, percepciones distintas y sentimientos heterogéneos.
Entre las diversas teorías, existe una de Constantin François de Chasseboeuf, más conocido como El Conde de Volney, escritor francés que también se graduó como médico y abogado, que sintetiza una forma de comprensión muy aproximada a lo que podría haber sido real.
La intención de Volney era desvirtuar la consistencia del conocimiento astrológico, empleando una serie de argumentos que solo contribuyeron a afianzarlo aún más. Dice que es absurdo suponer que el hombre en la antigüedad vio animales dibujados en las estrellas. Argumento que él sustenta en la forma de “ver” de su época (1787-1820)
Continúa afirmando que el etíope descubrió que en el horizonte occidental, aparecía una estrella y simultáneamente comenzaban las inundaciones en el Río Nilo. Asoció este fenómeno celeste con el terrestre y a la estrella la llamó Sirio. La comparó con el ladrido de un perro, porque al igual que éste, anunciaba la llegada de algo o alguien.
Más adelante afirma que había un período del año en que los leones, acosados por la sequía salían de la selva a abrevar en los ríos. Otro período en que nacían las cabras, los toros o los carneros. Otro en que los vientos insalubres predominaban, asociándolos con el veneno del escorpión. Otro momento en que el día y la noche se equilibraban y siempre estos hechos terrestres, coincidían con un hecho celeste y acaecían en las mismas épocas.
Esta es en síntesis, la explicación de Volney para desvirtuar la idea de la presunta existencia de animales en el cielo, que los hombres en la antigüedad “veían”. Profeso la idea que el hombre comprendió que existía un orden Universal. Supo que no era casual que ante la aparición de unos signos celestes, ocurrieran incidentes terrestres recurrentes. Así que con este fundamento, insisto en adherirme a esta versión de Volney, pues explica claramente que no existe una suerte de influencias de los planetas o las estrellas, como se pretende habitualmente, sino que forma parte de un pensamiento derivado de la ley de sincronicidad: lo que ocurre en el cielo, se refleja en la tierra.
O como lo señala uno de los 7 principios filosóficos Herméticos: “como es arriba, es abajo”. Esta sincronía sigue sucediendo de manera constante. Es inevitable que cuando se acerca el 21 de marzo, la naturaleza responde de una manera diferente a como ocurría un mes antes. Es visible para todos que la vida renace, como si explicara el mito de Démeter, Hades (Plutón) y Perséfone, quien cada primavera regresaba al hogar materno, a cambio que Démeter devolviera la vitalidad a la superficie terrestre.

Tropical y Sideral

No es casual que las estaciones sigan ocurriendo en las mismas épocas, para el mundo entero. Estas derivan del movimiento terrestre, en relación con su giro alrededor del Sol y no de la posición de las estrellas. A este movimiento le llamamos Tropical, lo que lo diferencia de la posición de las estrellas que designamos como Sideral.
Aquí podemos entender una de las tendencias más frecuentes en la Astrología. Los occidentales hemos preferido la sincronía celeste con la terrestre y utilizamos la Astrología Tropical. Los hindúes prefieren la posición de las estrellas y se inclinan por una Astrología Sideral. No obstante las inmensas diferencias que esto implica, encontraremos frecuentemente a occidentales, mezclando ambas. Especialmente aquellas personas que antes conocíamos como Felipe Antonio Méndez Pérez y luego del contacto con algún gurú, cambió su nombre por el de Rajib Majastani Madhopur.
Señalemos en principio las diferencias fundamentales. La Astrología occidental, así como la China, tienen fundamentos filosóficos sustentados en la libertad de ser, en cambio la Astrología hindú es religiosa y fatalista. Es decir, eres tal como los Dioses determinaron que serías y no podrás hacer nada para evitarlo. Como decía una astróloga colombiana: “No importa que te escondas debajo de la cama, el día que te toque que la desgracia llegue, llegará de todas maneras”.
Esto que mi colega señala es una creencia y, como tal, es válida y respetable. No estoy seguro que sea muy responsable, pero eso es harina de otro costal.

Símbolos y Mitos

Otra tendencia es la que deriva de los símbolos o la de los mitos. Las diferencias aquí también son abismales. Los mitos proceden del panteón de los Dioses del Olimpo. El Zeus griego es el mismo que los romanos denominaban Júpiter, como Cronos para los primeros o Saturno para los segundos.
Mercurio (Hermes), comenzó con sus travesuras desde muy pequeño: le robó las flechas junto con su caja a Cupido, la cinta a Venus, la espada a Marte, el tridente a Neptuno y remató con el cetro de su padre Júpiter; quien a su vez destrona y castra a su padre. Por su parte, Saturno se come a sus hijos, mientras Plutón (Hades) secuestra a Perséfone y la encarcela en las catacumbas del infierno.
Como podemos apreciar, las características de los Dioses del Olimpo, se parecen más a las de los humanos que a la de los Dioses. Partiendo de esta forma de interpretación, es inevitable que se hagan juicios de valor. Es común que escuchemos: “como tienes a Saturno en tal lado y éste es el diablo y es la muerte, entonces no puedes…” o “tienes un tránsito de Plutón y como es el Dios de las cloacas, te va a pasar…”
En cambio, la Astrología sustentada en los símbolos ve a los planetas como lo que son: íconos formados por figuras o imágenes que reemplazan una abundante variedad de conceptos. Los símbolos básicos en la Astrología, son el círculo, el semicírculo y la cruz. El primero, cuando está vacío, simboliza el espíritu que aún no ha sido revelado. Cuando en su interior está inscripto un punto, alude al espíritu revelado.
El semicírculo encarna el alma y la cruz representa la materia. Este fundamento, representado por la tríada, trinidad o trilogía, está presente a través de la historia en todas las culturas de la humanidad. Las civilizaciones primitivas la entendieron con la representación del padre, la madre y el hijo, el cristianismo como el padre, el hijo y el espíritu santo y también lo vemos en las polaridades de la energía como positiva, negativa y neutra.
Con la base simbólica anterior, es que los griegos diseñaron la representación gráfica de todos los planetas. Tal como vemos en el gráfico anterior, algunos como el Sol y la luna emplean una de las figuras indicadas, Venus y Marte dos de ellas y el resto de los planetas las tres.
Teniendo en cuenta la representación simbólica, es muy complicado establecer que el espíritu es más o menos, que el alma o que la materia o que es mejor el círculo con el punto que sin él o que la cruz es inferior por ser materia… Todo ello son susceptibles de interpretaciones subjetivas, pero en sí mismo, cada símbolo no implica un valor determinado.
Por otra parte, el círculo con el punto central representa al Nº 1, lo activo, positivo o emisor, el semicírculo al Nº 2, lo pasivo, negativo, o receptor y el Nº 3 es el que equilibra, oscila o nivela. Estos conceptos difieren de la forma en que los científicos quieren explicar el origen de la vida. Ellos parten del cero, es decir la nada y explican lo existente a partir de un acto de autogeneración espontánea, complicado de comprender si partimos de nada.
En cambio, partiendo del 1, tenemos conciencia del Todo Existente. De esta unidad deriva todo lo demás. Es más fácil comprender que el Todo genera divisiones, a que la nada plasme algo.

Más tendencias

Como decíamos al principio, nuestra forma de pensamiento ha cambiado. La escuela materialista, de la cual todos somos hijos, parte de la idea que solo existe aquello que sea medible, pesable, visible, tocable o puede caracterizarse como conocimiento racional, exacto y verificable.
Esto cierra el campo a otras características afines al ser humano, como su vida emocional, creativa, volitiva o consciente y moral. Digamos que nuestra capacidad de creación, es imposible medirla objetivamente, de la misma manera que las emociones y nuestra voluntad.
De la forma de pensamiento clásico surge entonces una astrología sustentada en la técnica, de la cual surgen diversas fórmulas. Como toda fórmula reduce o simplifica. Esto quiere decir que cuando estamos aplicando una fórmula, estamos analizando un detalle de un mapa celeste.
De ahí que sea tan común escuchar que el paso de Saturno por tu casa séptima te traerá serias dificultades de pareja, rompimiento de sociedades con amigos o que nunca tendrás hijos si naciste con Saturno en la Casa quinta.
El detalle, o la suma de los detalles nunca será igual al Todo que una carta de nacimiento representa. Es elemental saber que tenemos una barriga diferente de la rodilla, pero esto no significa que una sea mejor que la otra o más útil o más bonita.
El pensamiento lineal, que nada tiene de malo, la capacidad de comprensión literal, que tampoco es un defecto, nos llevan a conclusiones puntuales. En Astrología leemos que existen aspectos maléficos, planetas maléficos y puntos maléficos de la carta natal. El peligro que tiene la comprensión literal, es que asumimos que maléfico es malo y esta es una interpretación, no involucra a la idea en su totalidad.
Por eso es normal escuchar las cosas que habitualmente publican los medios, cuando se aproximan alineaciones de planetas supuestamente extraordinarias, donde cada experto opina según sus creencias particulares o formación académica. La Astrología no es una ciencia exacta, es más, no podemos considerarla a la luz de la ciencia tradicional.
La exactitud no existe ni es aplicable a la Astrología. La ciencia en sí misma, se diferencia sustancialmente de nuestra disciplina. La primera parte de la observación del fenómeno particular, para —con ello— tratar de entender el fenómeno general del cual forma parte. En cambio la segunda, parte de la observación del fenómeno general, para entender sus leyes y llegar a discernir que éstas, son aplicables a todos los fenómenos particulares.
Como vemos, son opuestas entre sí, tanto en su concepción del Universo, como en la metodología de investigación. La ciencia parte de la investigación sustentada en la eliminación del error, siguiendo para ello una sucesión de pasos específicos, en cambio la segunda, en sus procesos de investigación, parte de la idea que cada caso es único, por lo tanto no acierto ni error posible.

¿Analogía o pensamiento lineal?

Volviendo al principio, decíamos que el hombre en la antigüedad pensaba diferente a como lo hacemos ahora. Esto significa que la Astrología tendría que ser diferente a la concepción que actualmente tenemos. No podría ser una técnica, ni tampoco una creencia místico religiosa.
Entendiendo nuestra actual forma de pensar, llegamos a la conclusión que utilizamos específicamente nuestro hemisferio izquierdo del cerebro. Para eso nos educan. Vale decir que aprendimos a valorar el detalle y no el conjunto, a analizar, seleccionar, criticar, desechar y racionalizar. La capacidad creativa, la síntesis, el conjunto, la abstracción, la percepción, afines al hemisferio derecho del cerebro, aunque existan, están poco desarrolladas en muchos de nosotros. A no ser que se trate de un artista. No obstante, ello tampoco implica que no utilice el hemisferio izquierdo, sino que ambos hemisferios funcionan disociados.
Únicamente, ante una gran emergencia, se interconectan y producen esos resultados que todos atribuimos a la hechicería, casualidad o magia. Esto no es verdad. Nuestro cerebro tiene la capacidad de funcionar de manera coordinada. De lo contrario no ocurrirían esos fenómenos supuestamente paranormales como saber que alguien en quien estamos pensando nos llama o encontramos por la calle. O el que surge cuando estamos muy angustiados y la solución aparece de manera instantánea.
Si logramos comprender que el pensamiento lineal produce una serie de experiencias recurrentes, para decidir estar atentos a lo que pensamos, seguramente estos desaparecerán porque ya no será que somos de una determinada manera, sino que podremos ser lo que queremos ser, estando despiertos.
Para un astrólogo, la necesidad de ser serios parece ser moneda de uso corriente. Esto abunda en esta profesión, pero la seriedad escasas veces está emparentada con la responsabilidad. La palabra tiene facultad creadora, por lo que es normal que el vaticinio se cumpla. Es sencillo entender que cuando nos dicen que vamos a conocer a una mujer muy seductora, la encontremos inevitablemente. Nuestra mente creadora encontrará los canales para identificar a la supuesta mensajera de los Dioses, arrogándole unos atributos que sólo existieron en la imaginación del lector de cualquier herramienta, sea el naipe, carta astral, chocolate o cigarrillo.

Libre albedrío

Este es otro tema que genera decenas de interpretaciones y discusiones bizantinas. Algunos se inclinan por decir que tenemos la facultad de ser lo que se nos dé la gana. Otros aseguran que estamos completamente determinados y algunos conciliadores en que podemos algunas cosas y otras no.
El libre albedrío no implica creer que puedo volar y al día siguiente hacer la prueba desde la terraza de un edificio. Esto no es libre albedrío sino una creencia sin asidero sostenible para todos. Pienso que nuestro cuerpo en sí mismo ya es un factor determinante. No todos podemos ingresar a concursos de belleza o correr una maratón y ocupar los primeros puestos. Tendremos que tener atributos físicos especiales y un entrenamiento adecuado.
Empero, vivir cada experiencia escogiendo como hacerlo si es nuestro único libre albedrío. Para ello tenemos que ser conscientes de los automatismos mentales. Poca gente cree que perder un empleo importante o una persona querida, contiene un mensaje positivo. Pero, es obvio que si cada circunstancia la vivimos con alegría, el futuro diferirá notablemente a vivirla con tristeza.
Por esta razón, entiendo que el futuro lo construimos siempre en el presente. Por eso señalo que estar atentos es esencial. Para poder tomar nuestras decisiones de manera consciente. No seguir cayendo en la posibilidad automática de creer que alguien se va de nuestro lado y que eso es malo. De ser conscientes que en todo proceso depresivo, generalmente no hemos tomado la decisión de manera consciente, sino que nos dimos cuenta luego de una hora o varios días, después de intenso dolor.
En nuestra disciplina existen muchas más tendencias, pero creo que aquí están agrupadas las más frecuentes. Una recomendación para tener en cuenta: averigüe primero si quien dice ser un profesional en este tema, ha tenido alguna formación ética previa, si es un técnico o un pronosticador. No se deje llevar por la idea del acierto. Es muy sencillo, sólo hay que creerle al intérprete o al médium. Luego, nuestra mente se hará cargo de llevar las cosas al término deseado por el presunto gurú.

Para finalizar este capítulo introductorio, digamos que la única certeza que existe en Astrología, es que no hay certezas.

 

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DIALOGANDO

En este espacio reproduciré las preguntas que me formulan en otros servidores. También está abierto para quienes quieran satisfacer su curiosidad.

En el Grupo de Amigos de la Astrología que he creado en Facebook, publiqué lo siguiente:

Hola Gloria

Dices:

> Es un gusto saludarte. Quisiera saber, de los signos zodiacales. Aquí ya hay coincidencia de signos. Laura y yo somos Géminis.

Existe una tendencia generalizada a hablar de signos, debido a que los medios o las mismas personas, suponen que fulanito, que es de Virgo y actúa de esta manera, todos los de Virgo son iguales. Súmale la improvisación de los que no tienen respeto por ningún saber, y tendrás una melange bastante curiosa.

> Qué características tienen las personas de este signo?

Miles de millones. Tantas como personas existen. La multiplicidad de combinaciones es tan alta, que tú puedes reunir a cien (o millones) de personas que conozcas, todas de Géminis y, seguramente, no encontrarás vidas paralelas, ni siquiera rasgos faciales, de personalidad o corporales parecidos.

> Somos de aire, tengo entendido. ¿Qué significa ésto?

Vamos a hacer una evaluación comprensible. Les propongo que interpreten lo que escriba sobre signos, como referido a los signos y con ello no me referiré a ninguna persona en particular. ¿Logré explicarme? Es decir, partamos de la base que las personas son únicas entre miles de millones y los signos doce.
En el momento del nacimiento de cualquier ser viviente: un ser humano, animal, planta, negocio, empresa, etc. en el cielo habrá una configuración única. Uno de los factores que contemplamos es la ubicación de cada uno de los planetas, proyectados en una zona del espacio que llamamos signos. Estos son doce como sabemos. Se agrupan en elementos y polaridades. Los elementos son Tierra, Agua, Aire y Fuego. Las polaridades, positivos (o Cardinales), negativos (o Fijos) y Mutables (o neutros, equilibradores, armonizadores).
Los elementos indican nuestros cuatro cuerpos. Con el de Tierra (físico material) hacemos cosas; con el de Agua (psíquico emocional) sentimos cosas; con el de Aire (creativo mental) pensamos cosas y con el de Fuego (ético moral) queremos cosas.
En cada elemento coexisten tres polaridades. Uno Cardinal, otro Fijo y otro Mutable. En el elemento Aire, tema que nos ocupa hoy, Libra es el Cardinal, Acuario el Fijo y Géminis el Mutable. Los elementos tienen carácterísticas comunes. En este caso, quienes tienen características visibles del elemento aire, independientemente del signo que sea, son buscadores de la verdad. Tienden a racionalizarlo todo, a explicarlo todo, y cada uno, desde su polaridad específica. Digamos que estos signos nos permiten encontrar las "razones" por las cuales "justificamos" cada acción. La utilización que los seres vivientes hagamos de este potencial, es múltiple. Es frecuente observar como "sentimos" que algo se ha terminado, pero nuestra mente nos dice que no es el momento, que podríamos hacer daño, que es muy precipitado y un sinnúmero de explicaciones.
Esto, nos llevará a dilatar, para -varios años después- escuchar a nuestra mente explicando: "esto debería haber hecho hace... años".

Toda nuestra creatividad dependerá de lo que pase por nuestra mente. Esto permite que tanto improvisado, por llamarlos cariñosamente, cometan tantos aciertos. Todos sabemos que si nos levantamos pensando que tendremos un día horrible, todas las circunstancias que se presenten, nos llevarán a confirmar que hemos tenido un día horrible. Igual ocurre cuando alguien nos dice: "habrá un cambio importante en su vida". Cuando el cambio ocurre (inevitablemente todos cambiamos algo), asociamos lo que escuchamos con lo que estamos viviendo y la mayoría cree que le "adivinaron" o le "predijeron" o le "anticiparon" el futuro.
Nada más falso. Al tener el potencial de "crear" realidades, encontraremos a los artistas, literatos, defensores de los derechos humanos, periodistas, lectores compulsivos, escultores... En síntesis, como decía antes: "buscadores de la verdad". Unos son ambivalentes, otros dudan, otros se liberan de cualquier idea aprisionante. Reitero especialmente la idea que esto se refiere a los signos. No a las personas. Podremos encontrarnos, para citar un ejemplo cualquiera, que en el nacimiento de alguien, un signo de aire se encuentre en una casa de agua, entonces veremos a personas que siempre explican o justifican lo que sienten; o en una casa de tierra y veremos que por su mente suelen pasar únicamente sus intereses y no sopesan otra cosa y si lo vemos en una casa de fuego, explicará siempre las razones éticas o morales por las cuales hace ésto y no aquello.
Siento no hablar de tí Gloria ni de Laura, pero ustedes son individuos y seguro no tienen parecido notable entre sí. Y aquí nada tiene que ver Géminis, sino las circunstancias y momentos diferentes en que nacieron.

> Norberto, es muy grato tenerte entre nosotros y todo lo que ayude a nuestro propio conocimiento....¡¡¡¡Bienvenido sea!!!

Gracias. Eres un encanto y muy amable. Si quieren, podemos seguir con esta clase de explicaciones a ver si terminamos montando un curso de astrología en este espacio. :-) Sin embargo, quiero contarte a ti y a todos, que suelo tener varias cosas entre manos y es poco probable que me acuerde tres o 20 días después que no he continuado con la definición de los elementos como hice aquí. Me ayudaría mucho, si pasa algún tiempo mayor al prudencial y me remiten por esta vía un mensaje. Seguro que entonces responderé de inmediato.

> Cuando quieras caminar por nuestros Foros, házlo con toda confianza, todos los aportes son valiosísimos.

Como indicaba antes, no siempre tengo el tiempo suficiente para estos placeres. El que me queda lo enfoco a otra clase de placeres que me resultan muy atractivos.
Un abrazo grande para todos y no olviden contar conmigo

Norberto

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