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Creatividad y Rigor en Astrología
Apuntes sobre las prioridades filosóficas de la práctica astrológica

Por Armando Rey

Todos sabemos que actualmente vivimos en una sociedad fragmentada y esquizofrénica. Esta es una razón de porqué tanto se necesita hoy en día la fuerza curativa y la unificadora magia de la Astrología. Pero si nosotros mismos practicamos una forma fragmentada de astrología, entonces difícilmente podremos afirmar que la fuerza unificadora y curativa subsistirá en nuestra práctica. Si estamos todos fragmentados, o si siempre estamos confusos acerca de las técnicas y metodologías que usamos, eso deformará el potencial totalizador que la astrología puede aportar a la gente. (p. 115).

 

Simón Best en un artículo titulado Asesoramiento Astrológico y Psicoterapia (Journal de la Asociación Astrológica Británica, verano 1983)

 

I. Introducción

Puede, desde luego, sonar a petulancia que me atreva a hacer un grave reproche a la astrología contemporánea e incluso a toda la astrología habida hasta hoy, aún a la que ha obtenido resultados genuinos. Pero aquí no sirve disimular y tratándose de un gran problema debo afrontar el parecer arrogante. Mi obligación es exponer los problemas, el fruto de mi labor con ellos, y refutar con razones ponderadas lo que se opone al avance en la comprensión y mejora de la Astrología. El enunciado de la grave situación que la Astrología arrastra implica tanto a los conversos, ese conjunto de practicantes convencidos de su validez y eficacia pragmática, como a los indecisos aquellos que sin animadversión pero sin adhesión alguna pueden interrogarse como el astrólogo interpreta el hecho astrológico, sobre la base de que método cognitivo extrae el conocimiento que luego aplica en la consulta y en su vida.

El problema fundamental, según el parecer de muchos, es que la Astrología carece de respetabilidad científica. Algunos colegas la quieren conquistar a toda costa, son los que imitan y/o importan teorías y métodos de otras disciplinas con el fin de aplicarlas a la astrología. Otros, en cambio, están convencidos de que eso nunca será posible puesto que sus postulados la eximen de cualquier posibilidad de verificación experimental. Entre los últimos los hay que rechazan cualquier esfuerzo en tal sentido pues sienten que el saber astrológico contiene un riquísimo acervo y una larga tradición que ya demostró de sobras su validez. Y, por último, los hay que opinan que aunque la Astrología no admita verificabilidad experimental, los astrólogos deben entregarse a cimentar una teoría del conocimiento astrológico y han de hacer un gran esfuerzo en vistas a revisar actitudes y métodos con el fin de aumentar significativamente el nivel de rigor y calidad del conocimiento y las prácticas astrológicas.

Mi postura está a caballo de las dos últimas pues es mi convicción que el conocimiento astrológico no necesita, para ser efectivo, de teoría que lo revista de comunicabilidad en el ámbito de lo social, porque la fuente del conocimiento astrológico constituye un orden de la realidad que desafía cualquier intento de explicación meramente racional. No obstante admito que resulta necesaria la tarea de elaborar un paradigma orgánicamente enlazado a la naturaleza simbólica de la Astrología. Paradigma, imago mundi, que enmarque adecuadamente nuestro pensar, nuestro hablar, nuestro sentir y sobretodo nuestra práctica.

Este trabajo no pretende abordar semejante tarea que a mi entender excede la capacidad individual siendo más bien propio de una tarea colectiva que habría de surgir fruto de un debate auténtico tan largamente necesitado. Más bien me propongo sugerir unas líneas maestras de un programa de trabajo y, en un sentido más concreto, encaminar mis esfuerzos hacia una doble meta: dilucidar in extenso lo que considero que es el fundamento y núcleo del edificio astrológico: el símbolo. Dicha dilucidación implica a su vez un despliegue de los elementos básicos (filosófico-antropológicos) que nutren el paradigma o cosmovisión en la que se inserto la Astrología. Y, en segundo lugar, ofrecer unas notas testimoniales de mi proceder en la consulta, tal y como lo entiendo y tal y como la practico con el fin de favorecer el contraste con los de otros profesionales y aportar mi grano de arena en la cimentación de un marco teórico de la consulta astrológica.

II. La naturaleza de la herramienta

En realidad, hay muchas clases de astrólogos y hay muchas clases de astrología. Esta es una razón de porqué es tan difícil reunir de algún modo a un grupo de astrólogos, por no hablar de organizarnos para algo... Sin embargo, si al menos una pequeña minoría de astrólogos pudiera llegar a un acuerdo general sobre las prioridades filosóficas de la práctica astrológica, entonces podría ser posible producir una pequeña unidad entre estos astrólogos. (p. 96)

Cosmos. La Conexión Perdida de Stephen Arroyo. Ed. Kier, S.A. 1987

Haciéndome eco de la llamada de Arroyo voy a enumerar las que considero más importantes de estas prioridades filosóficas, pues creo que su ignorancia o tergiversación contaminan todo el edificio astrológico y no digamos la práctica de los profesionales.

2.a) Las fuentes del conocimiento astrológico

Paso a analizar cuales son las fuentes típicas y tradicionales en los astrólogos que pretenden fundamentar su saber:

1. Experiencia empírica: aquí incluimos a los que creen que los significados astrológicos se obtuvieron en base a la paciente y sostenida observación, que a lo largo de siglos acumuló, poco a poco, una especie de evidencia empírica de sus postulados al correlacionar los datos de sus observaciones. Esto es, después de mucho prestar atención se descubrió una correlación entre el orden celeste y el terrestre, por ejemplo entre el mes de nacimiento que conlleva determinada posición eclíptica del sol y determinados rasgos de carácter.

2. Revelación. Aquí están los que usan la astrología como un instrumento de y para la conciencia. Mantienen que la astrología sólo se puede entender como parte de un camino esotérico-espiritual en el que el conocimiento se obtiene en base a un proceso altamente individualizado e integrador: Un acto de revelación de los significados que brotan de una esfera situada más allá de la percepción sensible. Son los seguidores de la ciencia tradicional y los que afirman que existe un abismo insalvable entre su ciencia y la ciencia moderna. No tienen la misma raíz ni producen los mismos frutos.

Casi todos los practicantes consideran a la Astrología un sistema simbólico, esto es conformado por un conjunto de símbolos. Las discrepancias mayores nacen a la hora de definir que entienden por sistema simbólico conformándose dos posturas siendo cada una de ellas propia del grupo de filiación antes descritos:

a) Los que abordan la disciplina considerándola como un sistema de símbolos pero que los usan como si de un sistema de notación por signos se tratara. Son los que usan el símbolo adscribiéndole una serie de significados más o menos aceptados por el colectivo. Así Marte tiene que ver, produce, se relaciona con la violencia, autoafirmación, coraje, etc. Generalmente las listas de significados mezclan juicios y descripciones de diversos planos al amparo de que precisamente el símbolo posibilita. Así solemos encontrar alusiones a descripciones caracteriales y/o tipológicas, mezcladas con conceptos que denotan determinados órganos y facultades del ser, actitudes, etc.

b) Un grupo, mucho más reducido, considera el símbolo un instrumento cognitivo irreductiblemente distinto al anterior. Como este es el grupo al que me adhiero, expongo a continuación cual es la gran diferencia en la concepción y uso de nuestra herramienta básica: el símbolo.

2.b) Los tipos de conocimiento

Para situar la discusión de las diferencias esenciales entre símbolo (herramienta de la Astrología) y el concepto (herramienta de la Ciencia) podemos contemplar suscintamente los 4 tipos de conocimientos o saberes:

Conocimiento Vulgar: el que adquirimos todos por práctica. Opera con los mismos mecanismos básicos, pero no tiene su rigor. El conocimiento vulgar se basa en prejuicios que se toman como juicios. Costumbres de una época o de una cultura. Ej. el guiarse por el sentido común.

Conocimiento Científico es la expresión refinada del vulgar, y tienen en común que ambos son utilitaristas, prácticos. Pero el científico es riguroso. Su fuente es la razón su método, el científico. Hay dos clases de conocimientos científicos:

El empírico, basado en observación de hechos: Exige que su conocimiento sea adecuado a los hechos y a su verificación experimental de donde se infieren las teorías.

Y el lógico-racional, un conocimiento que no se obtiene de los hechos sino que es a priori. Proviene de la capacidad de la razón de funcionar con lógica. Primero se hace la teoría y luego se comprueba que el Universo funciona de esa manera. A posteriori se comprueba en la vida real (ej: las matemáticas)

Conocimiento Religioso: se obtiene a través de la fe, y opera con los dogmas. Hay que aceptar que la virgen fue madre y virgen a la vez, también que Dios es 1 y 3. Se basa en creencias, esto es presuntas verdades reveladas pero más allá de la experiencia personal. Su meta es la salvación o redención, un fin extramundano.

Conocimiento Gnóstico o simbólico: Gnosis significa conocer. En el gnosticismo y corrientes afines, el saber es absoluto, superior al saber vulgar, reservado a los iniciados. Es un sistema filosófico-religioso cuyos adeptos pretenden poseer un conocimiento completo y transcendental del todo. La raíz gnóstica es una de las venas más vitales y vivas de la psicología junguiana y de la astrología. “Gnosis cardias” significa el conocimiento por el corazón. La gnosis afirma algo que está entre el conocimiento científico y el religioso. Su fin es la salvación o liberación y no es utilitario. Tiene el mismo objetivo que el conocimiento religioso, pero a diferencia sostiene que el único modo de llegar a la salvación es por el conocimiento: salvación por el saber, no por la fe como clama el espíritu religioso tradicional.

La gnosis propone que cada uno ha de recorrer el camino de conocimiento, uno lo ha de vivir y comprobar todo, sin tomarlo de otro prestado. Debe verificar uno mismo sus postulados y premisas. Sócrates, Platón, los alquimistas de la Edad Media y la Psicología Junguiana además de Simón el Mago de Samaria, Basílides, Orígenes, Valentino, los Cátaros, los Albigenses, la Cábala Judía son algunos de los exponentes de esta línea. El gnóstico parte de la visión básica de que hay un misterio que nos invita a la aventura del conocer. Aún sabiendo que nunca llegaremos a develarlo todo, el gnóstico no pierde el respeto por el misterio. Sólo sabe que sin esta aventura no hay liberación de los prejuicios, de los velos, de este vivir separado, de la desintegración que es el estado natural en que el ser humano nace vive y muere, un estado de inconsciencia. El mundo de las apariencias nos hace creer que sabemos lo que somos, que somos uno pero en realidad, somos inconscientes y estamos desgarrados. La gnosis intenta reconquistar la unidad. El conocimiento liberador es el conocimiento de la Unidad.

2.c) Símbolo versus concepto

“Un símbolo es la mejor representación de algo que nunca puede ser totalmente conocido”
C.G.Jung

La herramienta cognitiva propia a la Astrología es el símbolo. Así como el concepto, hijo de la razón campa por sus anchas en la ciencia moderna y en nuestras interacciones cotidianas, el símbolo está hoy social y culturalmente relegado. Gran parte de las aproximaciones metodológicas y de las teorías y premisas astrológicas parten de y utilizan unas herramientas que por lo menos rebajan su uso y su utilidad al mínimo y en el peor de los casos transforman su esencia convirtiéndola en una disciplina incoherente y apta para todos los desatinos.

Etimológicamente “reunir lo separado”. Proviene del término griego “symbolon”; una moneda que en la antigua Grecia partían dos enamorados que se separaban para reconocerse cuando se volvieran a encontrar. El símbolo apunta a la integración y a la síntesis que son lo contrario de la separación y el análisis a los que apuntaba el concepto: juntar lo separado, etimológicamente. Puente, escalera. Completitud: reintegrarse con uno mismo. Abrazar lo perfecto y lo imperfecto. Reconciliarse con el universo, con la eternidad. Su fuente es interior por tanto subjetiva y objetiva a la vez. Implica un conocimiento transformativo, de la unidad y para la unidad. Es conocimiento objetivo y subjetivo a la vez. Subjetivo porque la fuente está en el interior, brota de uno pero no es arbitrario, es decir, es objetivo porque depende totalmente del nivel de conciencia, dos interlocutores comparten el mismo conocimiento si comparten su nivel de conciencia, pero con una persona menos consciente puede haber intercambio comunicativo pero nunca comprensión idéntica.

Conocimiento que no ofrece meramente información, como los conceptos y los signos, sino que es formativo, es decir, va indisolublemente ligado a la tarea de evolucionar. Implica la dimensión de la conciencia humana, un darse cuenta. Sus metas son descubrir el significado en las cosas que nos pasan. Ayudarnos a vivir una vida con sentido, por lo que implica necesariamente un camino de evolución, de transformación o de realización. De crecimiento. La meta es llegar a ser uno mismo conscientemente, plenamente. Eso nos lleva al reino de la fluidez, de la imprevisibilidad. Sin ningún esquema, sin ninguna idea preconcebida, abrirse a la indefinición. Uno se toma a sí mismo como el principal misterio. Una de las metas principales del “Conócete a tí mismo y conocerás el Universo” del Oráculo de Delfos.

Los símbolos son muy útiles percibir el flujo energético del universo, no es una percepción física, constituyen más bien los auxiliares de las señales que provienen del Espíritu, los símbolos ayudan a percibir e interpretar los augurios y/ o las coincidencias significativas (sincronicidades), tanto en la vida personal como en las tendencias colectivas. Los símbolos nos revelan de una manera intuitiva, la naturaleza subyacente de la realidad. Por subyacente se entiende un más allá de la apariencia, de lo manifiesto. Y lo que hay más allá de lo físico-presente es algo abstracto, elusivo y altamente importante: un significado.

Los conceptos describen, diferencian, separan; los símbolos muestran, conectan, integran. El concepto no está abierto a interpretación porque sus límites han sido fijados estrictamente. Por supuesto, los símbolos pueden ser usados de igual modo cuando, por convención, se les confiere tal función, tal como ocurre en Química por ejemplo, o los símbolos algebraicos que han llegado a ser señales. Pero los símbolos tienen en sí mismos una naturaleza esencialmente diferente. Están abiertos, su interpretación puede ser inacabable. Su riqueza ontológica nada tiene que ver con el concepto, el concepto es por así decir un mendigo, ontológicamente hablando.

El concepto es al símbolo como la ciencia es a la poesía. La Poesía deja aparecer realidades nuevas o nuevas perspectivas de la realidad porque alude a cosas en una manera misteriosa y oculta; poesía es simbolismo puro, y cuando ciencia logra tal tarea como en las intuiciones de grandes científicos, llega a ser poesía. Los símbolos no han sido inventados por el ser humano, el mismo idioma no es una invención del hombre pues éste no es tan poderoso. Los símbolos, el idioma, el hombre mismo son modos del ser, maneras en los que el ser aparece o se muestra él mismo.

Era Sócrates quien puso todo su esfuerzo definir las cosas, quería saber qué eran, quería asirlas, así investigó aquellas notas o calificaciones sin que las que una cosa particular dejaría de ser esa cosa particular. Dichas notas esenciales constituían el concepto de esa cosa particular. Así el concepto nació con Sócrates en un esfuerzo de asir. La Ciencia, tal y como la conocemos, no es más que un desarrollo del concepto y de la filosofía y lógica Aristotélica (la lógica binaria aristotélica contiene la semilla de la cibernética contemporánea). El propósito y la esencia de un concepto es asir, y tal es el propósito de la ciencia: controlar y dirigir." Y añadiría a dichos objetivos de la ciencia: entender, revelar un orden subyacente, satisfacer curiosidad, resolver un enigma; éstos no son exactamente "asir, controlar y dirigir"; aunque hay un elemento de esto en su uso.

El símbolo, en cambio, muestra, y al hacer así, deja que algo aparezca, esté presente, tal es su esencia, no asir, no dirigir, no controlar. Las señales y los conceptos pueden ser aliados, los conceptos y los símbolos no pueden. Los conceptos no son más que fichas-contenedores, inventados por los miembros de un grupo para representar ideas en una forma muy concisa y facilitar su manipulación. Así por ejemplo, "=" nos dice: "cualquier cosa que está a la izquierda de = puede reemplazar cualquier está a la derecha de =" y "si quieres guardar el equilibrio y la equivalencia, cualquier cosa que hagas en la derecha de = has de hacerlo en su lado izquierdo =." Equilibrio/ equivalencia es el concepto. Los símbolos no son el resultado de cualquier tipo de acuerdo general social. Los conceptos brotan precisamente de la actividad social humana. Ellos todo tiene en común arbitrar los a un juego de significados concretos. Por nosotros "=" no es un símbolo (acepto tanto personas usarían esta palabra referirle) es un concepto, cuando vosotros pues lo define, ése relata a otros conceptos, equilibrio tal como, equivalencia. Un mapa no es una representación simbólica, porque describe una realidad definida. Definir algo es el proceso cognoscitivo de diferenciar (de separación) una entidad del descanso, o un aspecto de la realidad de otros aspectos.

SIMBOLO                                                                                                                                     CONCEPTO

integración - síntesis                                                                                      separación - análisis

simbolizado                                                                                                    señalado

conocimiento de la Unidad                                                                                 erudición intelectual

idea de completitud                                                                                       idea de perfección

(abraza lo perfecto y lo imperfecto)                                                                     (elimina lo imperfecto)

integración consciente e inconsciente                                                                       cultivo del intelecto

absoluto                                                                                                       relativo

eterno                                                                                                        temporal

conexión sincrónica                                                                                           causa - efecto

Conceptos

- tratan de representar y definir la realidad

- son herramientas de comunicación y pensamiento

- surgen de una convención social

- su propósito es informar

Símbolos

- tratan de ayudarnos a insertarnos en la realidad de un modo pleno

- son herramientas de comunicación con el Espíritu

- surgen del misterio, no sabemos quien los hizo

- su propósito es transformar

Las herramientas simbólicas (Astrología, Kabalah, Tarot, y/o I Ching) se pueden usar de maneras muy diferentes y con diversas "intenciones”, pero su esplendor lo logran cuando ayudan a los seres humanos a fortalecer su vínculo con el Espíritu y éste por medio del símbolo compromete al ser entero, no solo a su intelecto, por tanto, el saber simbólico o saber de los símbolos va inseparablemente unido a un encarnar dicho saber en la propia vida y en el ser de uno. Así, yo no puedo saber una cosa y no ser tal cosa.

Los símbolos son medios que ayudan a nuestra atención a cambiar de nivel: desde lo concreto de nuestras absurdas preocupaciones cotidianas a este reino de fuerzas impersonales y poderes que desde la eternidad dan forma y substancia a nuestro camino vital. El símbolo es como una copa vacía. Cualquier símbolo en su función integradora, abarcadora, llevado a sus últimas consecuencias afirma que todo está en todo. Cada símbolo por definición está conectado con un universo de posibilidades. La tarea simbólica consiste en juntar el rigor objetivo del símbolo con el proceso creativo subjetivo de uno mismo. Esto hoy nos da un conjunto de significados cuyo potencial evocador es inagotable. El símbolo se dispara a un infinito colmado de significado y riqueza, pero a la vez está vacío, es una copa vacía que se llena de todas las experiencias, prejuicios y juicios del que los usa. Todo astrólogo enfrentado al símbolo sólo ve lo que puede ver, comprende lo que puede comprender. El símbolo no da más allá de lo que el practicante puede comprender. Entre el símbolo y lo que significa hay un salto que sólo se puede salvar mediante una conducta. Uno tiene que ser capaz de comportarse de modo que se le abran las puertas del significado.

La conducta expresa la totalidad de nosotros. El significado no es algo estático, es la encarnación de una chispa que brota al instante, que toca y transporta. A veces es un proceso como una gestación, el significado es como el “Logos Spermátikos”, la palabra que entra y fecunda, de allí hay una concepción y luego un parto. El símbolo recae sobre la totalidad del ser y su consecuencia es la transformación de la conducta. El símbolo es un utensilio proveedor de conocimiento que requiere de un conocimiento que se incorporó en el ámbito de la conducta.

2.c) Limitaciones de nuestra sintaxis para usar la Astrología como sistema simbólico

El lenguaje simbólico necesita en gran medida del lenguaje conceptual para ser comunicado. Ahí reside uno de las dificultades mayores y el reto más exigente. Nos vemos obligados a utilizar una herramienta potente pero equívoca y limitada en un sentido sutil pero importante. Nuestra sintaxis fácilmente acaba despojando al símbolo de su potencial mágico-transformador. Para evitarlo resulta necesario luchar contra la sintaxis conceptual con sus propios medios utilizando algunos instrumentos que nos pueden ayudar. Fruto de mi experiencia con ellos propongo: la paradoja, la narración y la asociación espontánea.

La paradoja

Estoy convencido de que alcanzar la verdad de algún fenómeno o hecho implica necesariamente conectarse a un nivel cognitivo en el que la paradoja (aquello de que los extremos se tocan) en cuanto al nivel conceptual y el relato mítico en cuanto al nivel explicativo son los mejores auxiliares del símbolo.

La paradoja es aquel instrumento de espíritu que nos habilita para tratar con las contradicciones. Etimológicamente paradoja significa “contrario a la opinión recibida y común”. Cicerón escribe (De fin, IV, 74) “lo que los griegos llaman paradoja, nosotros lo llamamos ‘cosas que maravillan’”. En efecto, la paradoja maravilla, porque propone algo que parece ser asombroso que pueda ser tal como se dice que es. Se dividen usualmente las paradojas en

- lógico-semánticas

- existenciales-psicológicas

De las paradojas lógicas y semánticas no me ocuparé en este trabajo. Me interesan las existenciales-psicológicas, -de las que se encuentran ejemplos en San Agustín, Pascal, Kierkegaard y Unamuno- definidas como aquellas que se proponen restablecer la verdad (en tanto que verdad profunda) frente a las meras verdades de la opinión común y hasta del conocimiento filosófico y científico. En este sentido ha defendido la paradoja Kierkegaard, una paradoja que no es antirracional, sino que puede ser pre-racional o trans-racional por lo que la hemos de considerar como uno de los mejores recursos y auxiliares del símbolo pues mediante procesos cognitivos similares actúa a la manera de reconciliar las oposiciones, de reunir los contrarios, de sintetizar.

Por ejemplo una paradoja inquietante y muy debatida tanto en foros astrológicos como en otros:

La contradicción Libertad/Determinismo.

La dualidad que nos interesa podría situarse en el tipo de contradicciones que admiten la gama de grises: uno puede estar más o menos determinado y ser más o menos libre. Así que podríamos establecer una distancia entre los dos extremos con sus mediciones intermedias. Pero y ¿qué ocurre en los extremos? Una persona que tras duros esfuerzos se sitúa en el extremo de la libertad ¿significa que ya no tiene ningún determinismo? El razonamiento concluyente es que si eres libre no estás determinado y viceversa. Esta es una pobre manera de querer aproximarse a uno de los misterios nucleares del destino humano. Valga la paradoja: A mayor determinación (inconsciente) mayor (sensación de) libertad. En tal estado del ser las libertades más usadas son: la libertad de entregarse a los vicios (auto-indulgir), la libertad del capricho que es prima hermana de la libertad de equivocarse y por esta lógica uno acaba cometiendo los mismos errores cada vez que enfrenta las mismas situaciones. En cambio, para la persona que crece en conciencia de ser cada vez, es más libre pero cada vez se le estrecha más el camino porque frente a las situaciones que vive ya no tiene la opción de dar respuestas regidas por la ignorancia, el capricho, los prejuicios, la indulgencia, los vicios, etc. Al final uno acaba en un camino muy determinado pues cuando uno es guiado solamente por la conciencia uno acaba haciendo simplemente lo que tiene que hacer.

En términos castanedianos:

"Todos tenemos que actuar dentro de ciertos limites... El poder dispone esos límites y un guerrero es, digamos, un prisionero del poder; un prisionero que puede hacer una decisión: la decisión de actuar como un guerrero impecable, o actuar como un asno. A fin de cuentas, quizás el guerrero no sea un prisionero sino un esclavo del poder porque la decisión ya no es una decisión para él... no puede actuar en ninguna otra forma más que impecablemente. Actuar como un asno lo agotaría y lo llevaría la tumba." (RP p.258)

La Astrología entera está construida bajo un sistema de proposiciones contradictorias: masculino-femenino, diurno-nocturno, maléficos-benéficos, consciente-inconsciente, etc. Es decir conceptos que se excluyen mutuamente. Solo con el auxilio de la paradójica unión de los opuestos podemos usar el símbolo astrológico de un modo apropiado.

La narración

En realidad, la carta Astral es un mapa. Un mapa ayuda a recorrer un camino. El camino de nuestras vidas conforma una historia. La historia de mi vida. En realidad es lo único que nos pertenece. Cuándo en el umbral de la muerte miramos hacia atrás ¿qué vemos? Todo lo material, los hechos, lo palpable queda diluido en la sustancia vaporosa del recuerdo de las historias que viví.

Los símbolos revelan su poder cuando el intérprete es capaz de amalgamarlos en la creación de una historia. Una historia posible, que halla en el material de los mitos y leyendas una fuente riquísima de inspiración y ayuda. Convertir el acto de interpretación de una carta en la revelación de una historia o unas historias que aspiran a ser vividas, a ser actualizadas es uno de los ejercicios en que el talento interpretativo puede alcanzar cuotas de puro arte. Arte y potencial integrador-terapéutico cuando el relato mítico prende en una persona y se encarna en un proceso que el astrólogo puede iluminar con el auxilio de sus símbolos.

La asociación espontánea

Sobretodo cuando el símbolo es utilizado no tanto en la del cliente o consultante sino en la propia vida, uno de los pocos modos que conozco que permiten escapar de la trampa del propio ego para eludir lo desagradable a su vista es el acto de meditar sobre un símbolo con el método irracional de la asociación libre. Imágenes espontáneas pueden surgir. Imágenes que si son asimiladas y elaboradas revelan también el potencial integrador e iluminador del símbolo.

III. “El complejo de inferioridad de la Astrología, o la cuestión del rigor en Astrología y en las Ciencias”

El complejo radica precisamente en la dificultad de la Astrología de valorarse a sí misma frente a la proliferación del método científico y su rigor cuya suma expresión lo constituye el saber matemático y las disciplinas que en él se fundamentan: Física, Química, Biología y Astronomía por citar las indiscutibles. De hecho parecido problema tiene hoy la Filosofía y la acerca a los senderos de la marginación que tienen presa a la Astrología desde hace ya mucho. Y es precisamente las matemáticas y su concepto de exactitud, el modelo que escogió la Ciencia, el que dificulta poder delimitar otra noción de rigor tan válida como la anterior (aunque socialmente no se considere así) y que sea mucho más apropiada a la especificidad de la Astrología.

Sostengo que uno de los esfuerzos que como colectivo deberíamos emprender es el de establecer las bases para fundamentar una noción de rigor que se constituya en eje rector de nuestra teoría y de nuestra práctica. Con ello tocamos la piedra de escándalo de la Astrología: cada astrólogo puede defender cualquier técnica, cualquier significado y cualquier método de consulta sin más requisito que el de un mero “he comprobado que...” o “a mí me funciona y se acabó...” “es válido porque así lo afirmó fulano de tal (generalmente un astrólogo de la antigüedad)...” Estas actitudes tan predominantes en nuestra profesión no contribuyen en nada a abordar nuestro complejo ni mucho menos a atisbar su solución. Es más creo que constituyen en realidad el núcleo de dicho complejo puesto que si avanzáramos lo suficiente como para modular un método cuyo rigor espantara a las almas cándidas y oportunistas que merodean en nuestros lares, y son demasiadas, el rechazo social a nuestra disciplina no tendría el poder devastador que hoy tiene.

Es necesario proveernos de un marco de referencia que nos permita delimitar el problema y el comienzo de su solución. En el presente trabajo propongo que este marco de referencia lo hemos de construir tanto en la teoría como en la praxis de los astrólogos. En la teoría propongo entrar en la Filosofía, la Antropología y la Psicología. Me interesan de cada escuela o parcela del saber las ideas esenciales, germinadoras y de aplicación directa a la Astrología. No hay pues exposición sistemática sino más bien exploraciones que marchan ora hacia delante ora hacia atrás, de acuerdo con el principio: “Lo permanente es pensar en el camino” (Heidegger). Voy a incursionar concretamente en los fértiles terrenos de la Filosofía de Heráclito. De la filosofía contemporánea nombraré a Heiddegger. Dejo mucho de lado, soy consciente, en cambio utilizo lo que en mi humilde opinión constituyen auténticos tesoros de la tradición filosófica occidental que se entroncan orgánicamente con el saber astrológico permitiéndole una fundamentación acorde con el paradigma que la Astrología necesita.

Heráclito, el filósofo oscuro, considerado como el filósofo del cambio o del devenir, nos habla de:

- La idea del fluir

- La idea del Logos

- La idea de la contradicción y/ el funcionamiento de los opuestos.

Sus tres ideas germinadoras abarcan las dimensiones fundamentales que en Astrología constituyen piedras angulares de su dinámica cognitiva: el tiempo, el cambio y el devenir tan efectivamente medidos por las técnicas astrológicas, el Logos o la Ley que regula dichos cambios y la percepción de la interrelación de los opuestos que constituyen el motor dinámico de todo cambio. Demos paso a sus palabras:

“Lo sabio es uno: conocer con verdadero juicio... es prestar atención al Logos pues aunque el Logos es lo común a todos muchos viven como si tuvieran un entendimiento privado. Saber es saber de lo Uno por medio del Logos.

Oyéndome no a mi sino al Logos, es sabio acordar que todo es uno, pues todo sucede de acuerdo con este Logos...”

que según Heráclito los humanos no comprenden ni antes ni después de oír hablar de él. Este saber da un primer resultado: la conciencia de que todo es fluido y está en perpetuo movimiento,

“Todas las cosas fluyen y nada permanece quieto y comparando las cosas existentes a la corriente de un río, nadie puede sumergirse en el mismo río dos veces” Platón Crat. 402 A

Asimismo subraya la idea de oposición y conflicto “la guerra es el padre y rey de todos. A algunos hace esclavos y a otros libres” Conflicto como tensión de opuestos que a su vez producen la armonía como en el arco y la lira. Los contrastes deben arraigar en una ley, que ordena no solo los contrates sino también el cambio. Todo fluye y todo cambia pero no de cualquier modo.

Este cosmos (el mismo para todos) no fue hecho por dioses o por hombres, sino que siempre fue, es y será, al modo de un fuego eternamente viviente, que se enciende con medida y se apaga con medida” (30).

Martín Heiddeger, filósofo que propone una apertura al misterio en su conocido discurso titulado Gelassenheit y traducido al español por Serenidad: Conocer es atisbar el misterio de la riqueza infinita de lo que es.

“Sin misterio el hombre enferma, aislada de su entorno, el misterio, la razón deviene factor de locura. Uno de los modos en que Heidegger nombra el ser es misterio. El misterio es condición de salud, de salud ontológica, suelo de toda otra salud... Su poder curativo, ontológicamente hablando, consiste en sacudirnos hasta la médula, pues moviliza, impulsa la interrogación, invalida toda respuesta y en tanto abismo sin fondo, es el máximo otorgador de sentido, ya que nuestro deseo de conocimiento no puede ser jamás satisfecho: por más profundo que sea el conocimiento siempre hay un plus de misterio; es de ese plus que brota el sentido”. Ni Etica ni Cultura. En torno a Nietzsche y Heidegger de Rosa Coll. 1993 Catálogos Editora. (p.6)

El Universo es un constante flujo de dos grandes realidades: el universo de lo conocido y el universo de lo desconocido, del misterio. Lo que conozco de mí y lo que desconozco de mí. Siempre está presente esta dualidad. Para los científicos no existe el misterio, para ellos es sencillamente algo que no tiene explicación, una incógnita o un enigma a resolver. Ellos creen que con nuestros utensilios actuales no conocemos aquello pero que algún día se llegará a conocer (ct. idea ilusa de la ciencia oficial) Para el conocimiento simbólico, el misterio es la fuerza que subyace a todo lo conocido pero que por propia definición es, ha sido y siempre será misterio. El misterio es inagotable. No es un problema por resolver, es la frontera.

La tensión que hay entre lo conocido y lo desconocido no es una tensión técnica sino ontológica o constituyente. No tiene como misión llegar algún día a conocer el misterio sino ayudarnos a convivir con él, entrar en relación con él y saber manejarlo en nuestra vida. Vivir desde el misterio significa vivir desde el misterio a uno mismo, a nuestras relaciones humanas, a nuestro trabajo. Vivir desde el misterio nos lleva a otra dimensión de nuestra existencia, a otra valoración. Todos los sistemas simbólicos, como la Astrología o el Tarot, sirven para ayudarnos a convivir con el misterio, no para comprenderlo todo racionalmente. Parten de un respeto total, hay una humildad mucho más lúcida respecto a los límites del ser humano y, paradójicamente, también hay una lucidez mayor respecto a sus potencialidades. La paradoja es uno de los utensilios más importantes del mundo simbólico.

El símbolo es un instrumento de y para nuestra conciencia, le ayuda a establecer un puente entre lo conocido y lo desconocido para poder relacionarnos con nuestros límites y nuestras potencialidades. El conocimiento es transformador, no meramente intelectual, a medida que se va adquiriendo cambia la conciencia que lo utiliza. Nos lleva a “darnos cuenta”. Dicho de otro modo, el símbolo es el instrumento de relación con lo desconocido mediante el recurso a algo conocido, pero sin que este recurso acabe desconectando o acotando. Mediante el símbolo, algo conocido y algo de lo desconocido se ponen en contacto, se encuentran, y este encuentro produce conocimiento no acumulativo o intelectual sino transformador. Una vez adquirido, cambia a la consciencia que lo utiliza.

En Antropología, propongo al autor que curiosamente encarnó la derrota de la Antropología frente a su objeto de estudio: Carlos Castaneda, que aunque originalmente adscrito a la actividad académica antropológica, su obra acabó sobrepasando cualquier intento de delimitación alcanzando tal estatura que entra de lleno en las cuestiones más básicas de la filosofía, la epistemología, la psicología y la hermenéutica. En Occidente y desde nuestras raíces clásicas hemos desarrollado un sistema cognitivo que intenta lidiar con todo el Universo y la existencia, una visión del mundo cuyo epicentro es la razón.

“Funcionamos exclusivamente en el centro de la razón, sin importar quienes somos ni de donde venimos. La razón puede responder en una u otra forma por todo lo que ocurre dentro de su visión del mundo. “(RP 319)

“...los intelectuales de Occidente que asumen que la realidad (a menudo equiparada con la verdad) se conoce a través de la razón. Un brujo sostiene que lo único que puede conocerse mediante la razón son nuestros procesos del pensamiento, pero que es sólo mediante el acto de comprender nuestro ser total, en su nivel más sofisticado e intrincado, que podremos borrar los límites con los cuales la razón define la realidad.”

Con ello ya introduzco la idea de que el mundo que creemos percibir es solo una visión, una descripción del mundo aprendida, fruto de nuestra herencia occidental. Aceptar este hecho es una de las cosas más difíciles de hacer para muchas personas; afirma Don Juan:

“estamos completamente atrapados en nuestra particular visión del mundo, que nos compele a sentirnos y a actuar como si supiéramos todo lo que hay que saber acerca del mundo.” (RP 309)

Los hombres de la antigüedad tenían una visión muy realista de la percepción y de la conciencia, ya que esta visión provenía de su observación del universo que los rodeaba. Al contrario el hombre moderno tiene una visión absurdamente irreal de la percepción y de la conciencia, ya que su visión proviene de la observación del orden social y de sus tratos con éste. (A. E. 170)

Esta distinción el hombre de la antigüedad que extrae su saber de la percepción de la relación entre él y el Universo y el moderno es fundamental y muestra una de las flaquezas más flagrantes y por demás ignoradas o inconscientes de las ciencias sociales afectando por supuesto a las escuelas astrológicas que aunque nominalmente aún tienen en cuenta el cosmos acaban contagiándose del mal moderno hasta el punto de usar la herramienta en contra de sus mismos orígenes. Continúa Castaneda,

No vemos el mundo directamente, nuestra descripción del mundo siempre está en medio. Siempre estamos a un paso de distancia y nuestra vivencia del mundo es siempre un recuerdo de la experiencia. Estamos eternamente recordando el instante que acaba de suceder. Nuestro mundo, que creemos es único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos, los cuales están ordenados como las capas de una cebolla. Aunque hemos sido condicionados para percibir únicamente nuestro mundo, efectivamente tenemos la capacidad de entrar en otros, que son tan reales, únicos, absolutos y absorbentes como lo es el nuestro. (A. E. 6)

Esta visión la incorporamos en un largo proceso de aprendizaje en el que nuestros educadores, a sabiendas o no, manipulan nuestra atención y la fuerzan a fijarse en ciertos aspectos y a borrar, olvidar otros. Luego se sostiene a sí misma como dialogo interno: ese incesante parloteo que hacemos con nosotros mismos.

Nuestro funcionamiento ordinario dentro del orden social requiere una adhesión ciega y fiel a todos sus preceptos, ninguno de los cuales da posibilidad de percibir energía de manera directa. Don Juan afirmaba, por ejemplo, que es posible percibir a los seres humanos como campos energéticos en forma de enormes, blanquecinos huevos luminosos.

A fin de lograr la hazaña de aumentar nuestra capacidad de percepción requerimos energía interna. Por lo tanto, el problema de proveerse de energía interna necesaria para cumplir con tal tarea se torna la principal preocupación de los estudiosos de brujería. (T. A. Introducción de C. C. VIII.)

Resulta muy necesario darse cuenta de que existen otras visiones, otras descripciones de la realidad y el Universo mucho mas abarcadoras y útiles para el ser humano. De entrada porque honran más a la totalidad del ser, no solo a una de sus dimensiones como lo hace la visión imperante (véase el hombre unidimensional de H. Marcuse). Paso a delinear la visión que paulatinamente se apoderó de mi ser y de paso a confrontarla con la otra, la consabida. Visión que en algunos aspectos en nada difiere de la colectiva pero que en otros queda separada por un abismo irreductible. Esta visión por supuesto no es de mi invención, forma parte de una antiquísima tradición de practicantes insólitamente disciplinados que culminan en el grupo contemporáneo formado por Castaneda y sus cohortes, que en su sistema explicativo parten de las siguientes premisas:

En el Universo hay una fuerza inconmensurable e indescriptible, el intento. Todo cuanto existe en el Cosmos está enlazado, ligado a esa fuerza por un vínculo de conexión: El Intento, el Espíritu, es el poder en el que el Universo se apoya. Es la fuerza que da foco a todo. Hace que el mundo ocurra. (T.A. 40)

La gran falla colectiva es el vivir nuestras vidas sin tomar en cuenta esa conexión. Para nosotros lo precipitado de nuestra existencia, nuestros inflexibles intereses, esperanzas, frustraciones, miedos, etc. tienen prioridad. En el plano de nuestros asuntos prácticos, no tenemos ni idea de que estamos unidos a todo lo demás. ( D. A. 134)

El total interés de los brujos es delinear, entender y utilizar tal vínculo, especialmente limpiarlo de los efectos nocivos de las preocupaciones de la vida cotidiana... la brujería puede entenderse como el proceso de limpiar nuestro vínculo con el intento”.

Que bella y precisa definición de lo que tendría que ser el intento de la Astrología.

(El Espíritu) es una fuerza abstracta ni buena ni mala. Una fuerza que no tiene interés alguno en nosotros, pero que a pesar de ello responde a nuestro poder. No a nuestras oraciones sino a nuestro poder. (T. A. 98e)

Para un brujo el espíritu es lo abstracto, porque para conocerlo no necesita de palabras, ni siquiera de pensamientos; es lo abstracto porque un brujo no puede concebir qué es el espíritu. Sin embargo, sin tener la más mínima oportunidad ni deseo de entenderlo, el brujo lo maneja, lo llama, lo incita, se familiariza con él, y lo expresa en sus actos (C. S. 65)

En esta visión, todo el Universo es producto de la interacción de las fuerzas que se oponen. El universo, en tanto que objeto de nuestra percepción y escrutinio, esta formado por parejas de elementos antagónicos o dicotomías: Ser-no ser, día-luz, bien-mal, hombre-mujer, espíritu-materia, mente-cuerpo, etc.

Se deben mantener en equilibrio las dos fuerzas opuestas que nos rigen, lo masculino y lo femenino, lo positivo y lo negativo, la luz y la oscuridad, a fin de crear una abertura en la energía que nos rodea: una abertura por la cual puede deslizarse nuestra conciencia. Es a través de esa abertura en la energía que nos envuelve, que el Espíritu se manifiesta (T. A. 100e)

A ello aludía Heráclito cuando afirmaba que la guerra es el padre de todas las cosas. Es decir, la tensión de los opuestos es lo que genera el cambio y la esencia del universo es el cambio: “Todo fluye, nada permanece” afirmaba el filósofo oscuro.

Conclusión teórica

Hasta ahora he enunciado un conjunto de ideas extraídas de diversos autores y procedencias, curiosamente aquí no cito a ningún astrólogo y así lo hago puesto que mi convencimiento es que los astrólogos no se han ocupado lo suficiente en dilucidar los fundamentos de su práctica ni en elaborar críticamente un paradigma o visión del mundo apropiada a su herramienta y a la naturaleza del ser humano. El Universo como un flujo de cambio que tiene el tiempo no solo su medida más o menos mecánica, algo que se mide con el reloj, sino también como Kayros, como el contenedor y manifestador de la creatividad cósmica, “el tiempo es la esencia de la atención”, afirman los brujos. El tiempo que se concreta en las nociones de destino y de historia vivida por un ser humano. Una historia y un destino que es el objeto par excellence de la investigación astrológica. Por eso la ley del cambio heracliteana, la propuesta de alinearnos con el misterio heiderggiana y la visión provocativa y esperanzadora del ser humano que nos proponen los viejos videntes mexicanos conforman a mi parecer una de las mejores estructuras teóricas que pueden y deben acompañar cualquier reflexión sobre la práctica astrológica así como ofrecer un marco filosófico-pragmático riguroso en el que se integran las técnicas y métodos astrológicos.

IV. La práctica del astrólogo: Mi testimonio

Si el debate acerca del determinismo es uno de los pilares del edificio astrológico, el debate acerca del papel del astrólogo se sitúa en el mismo nivel de importancia filosófica y pragmática.

Cuando se me estropea el automóvil lo único que requiero es un buen mecánico. ¿Qué es un buen mecánico? Aquél que teniendo el conocimiento y las herramientas adecuadas, sabe diagnosticar el fallo y reparar o suplantar la pieza rota. Este buen mecánico puede, por más, ser cualquier otro tipo de cosa, y vivir de cualquier manera y a mí ni me importa ni me afecta. ¿Qué ocurre cuando lo que se me estropea no es un objeto sino mi vida? Ocurre que no voy a buscar un mecánico sino un astrólogo, un vidente, un psicólogo, un cura, etc. ¿Me importará a mí como sea este señor, cómo vive su vida? O mejor dicho, ¿puede en este caso separarse la vida que sigue este señor del modo en que ejerce su profesión? Pues no. Así me dé cuenta o no, a mí me importa porque este señor trabaja con un ser humano no con una máquina. Así un buen mecánico puede ser fascista, machista, etc. y esto no afectará su desempeño en el oficio. ¿Puede ocurrir lo mismo en el caso del astrólogo? Rotundamente no. El oficiante en tales casos no puede evitar desempeñarse en su consulta u oficio exactamente igual a como se desempeña en su vida entera. Esto en el ámbito de desempeño real no a nivel de la máscara socio-profesional que los oficiantes se imponen o ponen cara al cliente. Ya sabemos, esto de que con el cliente pretendo ser abierto, simpático, tolerante, espiritual y sobretodo muy sabio y al llegar a casa con mi mujer o mis hijos, amigos, me convierto en un pequeño déspota, manipulador y sobretodo egoísta a ultranza.

Establecemos pues la siguiente premisa: en el caso de los oficios que tienen como objeto de su saber al ser humano, conocimiento y vida van inseparablemente unidos.

“En el hombre corriente, “conocer” y “ser” se polarizan en pensamiento y conciencia corporal; el primero representa un ainteligencia separada del ser, mientras que la segunda es un estado de ser pasivo y privado de inteligencia. Son como dos aspectos de la conciencia individual en su estado normalmente centrífugo. Cuando esta conciencia es devuelta a su centro –cuyo símbolo es el corazón- los dos aspectos se invierten en cierto modo: la conciencia corporal se vuelve inteligente a su manera; está como penetrada de una vida luminosa, mientras que el pensamiento -o la mente- se cristaliza bajo la acción fulgurante del espíritu.” Titus Burckhardt, Consideraciones sobre la Alquimia en Símbolos Ed. Sophia Perennis. 1981( pág.43)

Hay un estado del ser que es el más habitual para casi todos que es el de la desintegración. Uno está desintegrado porque diferentes zonas del ser campan por sus anchas. Así contigo soy humilde generoso y con otro soy avaro y soberbio, mi mano derecha no sabe lo que hace mi mano izquierda, hoy estoy de buen humor y todo es de color de rosa y mañana me levanto de mal humor y no hay quien me aguante. En tal estado no hay unidad, no hay integridad ni entereza. Uno está desparramado y solo se sustenta por las diferentes máscaras que usa ante los demás. Más allá de la máscara no hay nada o en todo caso lo que hay es ser totalmente esclavizado por los determinantes y condicionantes que a lo largo de su vida desmembraron la unidad inicial (el paraíso perdido). En tales casos el astrólogo en su consulta y por mucha máscara que se ponga no puede evitar que el resultado de su “esfuerzo” profesional se vea reducido a la nada. Nada de nada de que un astrólogo tenga poder con sus intervenciones ni que sea responsable por sus actos profesionales puesto que no lo es por su vida entera. Y sin entereza no hay poder. No es verdad que una persona inconsciente pueda hacer daño a nadie. En tal caso el daño infligido, sea cual sea, viene de la propia incapacidad de evitarlo.

En un punto, la práctica del astrólogo, del terapeuta-psicólogo y la del sacerdote se unen, o deberían unirse. Jung diría que todas estas profesiones brotan de un mismo núcleo arquetípico: el curador. Así, el astrólogo reconciliando al sujeto con su destino o con el cosmos, el terapeuta reconciliándolo consigo mismo y el sacerdote con Dios, son varias maneras de aludir a un único y mismo proceso, aunque cada uno utilice técnicas distintas y lenguajes diversos. Pues bien por aquello de que no hay nada tan viejo como la verdad ni nada tan nuevo como la verdad, lo queramos o no, nuestro instrumento y nuestras técnicas como el que usa el psicólogo y el sacerdote, ha de ayudarnos en esta esencial tarea.

El sacerdote asume funciones de intermediario entre Dios y el ser humano, el astrólogo media entre el infinito cosmos y el peculiar ser humano enfrentado a su destino único. Hacer ver cuales de los deseos, actitudes o preocupaciones son útiles y cuales dañinas, es uno de los principales objetivos del esfuerzo terapéutico. Y el esfuerzo terapéutico no es más que un esfuerzo asistido por una técnicas y en un marco profesional, lo que le confiere especificidad pero más allá de ésta, el mismo esfuerzo es el que hacemos todos o deberíamos hacer, siempre y cuando la profesión tenga que ver con prestar un servicio al ser humano.

La verdad de uno mismo, y la verdad que subyace al tipo de circunstancias que nos toca vivir no resulta fácil alcanzarla. Tampoco sirve para nada que me den un listado de fechas. Aunque el cliente crea que es esto lo que necesita. El cliente se dé cuenta o no, cuando se acerca al astrólogo quiere acercarse a sí mismo. Quiere entrar en contacto con el símbolo de su individualidad y del peculiar camino o destino que es su expresión. Entrar en contacto con la verdad de sí mismo cuyo símbolo es su Carta Astral. El astrólogo debería ser mediador de este encuentro, un mediador que más que atiborrarle con fechas o inútiles consejos, focalizara el uso de sus técnicas y de su energía para esta importante tarea. Ahí esta el arte, ahí esta el corazón. Devolver al cliente no lo que pide literalmente: cuando me voy a casar, morir, etc. sino hacerle ver que una preocupación acerca del futuro esconde otra más importante que está ya en su presente. Y que acceder a ella implica exponerse a descubrir una verdad de sí mismo.

Afirma Castaneda que, “nuestras opciones en la vida son limitadas debido al hecho de que son definidas por el orden social”. Los videntes creen que el orden social establece la lista, pero que nosotros hacemos el resto: al aceptar solamente estas opciones, ponemos límite a nuestras casi ilimitadas posibilidades. Asegura el autor que Occidente ha creado en nosotros una mente taxonómica, una compulsión a etiquetar y describir todo lo que percibimos y vivimos. Nada hay de malo en ello siempre y cuando dichas descripciones se tomen como lo que son un medio para... No ocurre así, nuestra pasión llega a cegarnos hasta el punto de que invertimos la relación de medio pasa a ser un fin en sí misma. Ese es el terrible peligro que las descripciones crean. Fácilmente se convierten en prisiones sintácticas que nos encierran. Cualquier descripción de la realidad tiene como virtud crear la ilusión que la realidad queda contenida en la descripción.

Podemos vivir la vida entera llenos de descripciones e ideas sobre uno mismo y ser muy inconscientes, esto es, no darnos cuenta de casi nada. Podemos abrazar un sistema ideas aparentemente iluminadoras. Pero el tipo de iluminaciones y comprensiones que producen nos abandonan cuando damos media vuelta para enfrentar la vida. No me gusta definirme porque intuyo que es mucho más importante y fascinante enfocarme en lo que desconozco de mí. No me interesa la imagen que tengo de mí mismo o la que puedan tener los demás pues toda descripción encasilla, limita, constriñe, da una falsa sensación de conocer. Lo que creo de mí, lo que pienso siempre es falso por parcial porque lo que mi definición excluye también soy. Estamos encadenados a nuestro propio reflejo. Me siento encarcelado y esclavizado por las definiciones psicológicas, astrológicas, sociológicas o antropológicas. La individualidad no es nada que uno pueda apresar en descripciones, fantasías o ideas sino que es un estado de conciencia.

La Astrología ha de acercarnos a ese estado de conciencia. Echo mucho a faltar en los espacios astrológicos y científicos el espíritu socrático "sólo sé que no sé, y con ello ya sé más que el que ni sabe que no sabe". En esta afirmación no hay solo la expresión de una ignorancia radical sino y sobretodo una elección consciente de alienarse al lado del misterio, de intuir como afirma Don Juan que solo ante lo desconocido el hombre se crece y descubre lo mejor de sí mismo. En la Astrología el hecho remite al símbolo y el símbolo debería remitir al misterio. A lo largo de mi vinculación con ellos, siempre me ha inquietado mucho más el aspecto desconocido de cada símbolo que las descripciones con las que se pretende agotarlos. Ese mismo espíritu intento reproducir en mi consulta frente al cliente. No atiborrarle con descripciones y fútiles consejos sino ayudarle a que se alinee con el misterio de sí mismo y de su existencia. No arroparle con nuevos disfraces sino desnudarle y que sienta la intemperie frente al infinito que le rodea. Así se le abren los oídos a escuchar voces que en nuestra aturdida cotidianeidad no atinamos a prestarles atención.

Que aprenda a amar la sensación de sentirse un misterio a sí mismo y a todo lo que le rodea, que descubra su anhelo a ser imprevisible. Que viva la inquietante sensación de no saber cómo uno es y cómo es su pareja, ni sus hijos o padres o amigos o enemigos. Que se dé cuenta de que no los conoce ni tiene porque darlos por conocidos. Que descubra el peso que arrastra y lastra sus posibilidades; el de un orden social que le ha criado y estructurado como ser humano y que ha presionado fuertemente para que incorpore como propias ciertas presunciones o presupuestos acerca de su naturaleza, la del universo y la de su papel en éste que traiciona su herencia mágica.

El Ego utiliza la mente taxonómica para alimentar constantemente la idea o las ideas acerca de sí mismo que conserva como su imagen de sí "Yo soy así o asá y por tanto me conviene tal cosa y no la otra " Creo que me conozco cuando atesoro muchas descripciones acerca de mí mismo. Cuanto más sofisticadas más creo que me conozco. Creo que sé lo que me conviene porque creo que me conozco. Y si no, voy al astrólogo a que me provea de más descripciones de mi ego y/o que me diga lo que me conviene. Los Géminis son así. La cuadratura tal le confiere el rasgo cual. El tránsito tal le hará ser agresivo, pasivo, por tanto te conviene salir de casa o quedarte, etc. Me aburre el astrólogo que se empeña en creer que me conoce en base a mi Tema Natal. Qué pesados se ponen y qué soberbia creer que el meollo de un destino o de una individualidad es apresable en palabras.

No conocemos al ser humano. No conocemos de qué es capaz, cuales son sus límites, cuál es el alcance de su magia y misterio. No tenemos ni idea, más allá de las limitadas descripciones de la ciencia y de las desbordadas fantasías de los esotéricos, de esa inmensa vastedad que nos mece. Los astrólogos por la naturaleza de la herramienta que utilizamos y, sobretodo, por el objeto de nuestro trabajo (otro ser humano) no deberíamos caer en la trampa del orden social, o si caímos deberíamos hacer todos los esfuerzos para salirnos de ella.

Cuando nos proponemos ayudar a una persona. ¿A quién debemos dirigirnos? ¿Al ser humano condicionado cultural, social y psicológicamente al que llamaremos el Ego, o al ser humano total aquel que es portador de una herencia y unos potenciales que cada día intuyo más increíbles y de los cuales nadie o casi nadie nos dijo nunca nada?

Tengo una idea clara de los excesos, usos y abusos que hace el astrólogo que cayó en la trampa y desde ella atiende a su cliente. Un ego escuchando a otro ego que siempre está preocupado por si mismo por si le aceptan y le quieren o perdido en su autoimportancia ¿triunfaré o no? ¿Me conviene tal asunto o persona, o no? Ese Ego frente al que el astrólogo actúa muchas veces como agorero, consejero, iluminado y gurú. "Tienes tal tránsito por tanto deberías de hacer esto, o evitar lo otro, te conviene lo de más allá, etc. Todos los que nos dedicamos a aconsejar al otro deberíamos antes purgar una tremenda e inconsciente necesidad de poder que es nuestro cuño más habitual.

Qué bien poder serlo todo, no tener una idea de mí mismo que defender, no tener que cargar con ninguna creencia acerca de mí mismo o de la realidad. Solo buscar fluidez, solo anhelar lo indefinible, esto que florece momento a momento: ese encuentro único, esa relación irrepetible, esta experiencia inédita. Comprender que no hay días fastos (tránsito de Júpiter, etc.) ni nefastos (tránsito de Saturno, etc.), lo que hay son días únicos, y así deberían de ser vividos. La vida es el proceso mediante el cual la muerte nos reta afirma Don Juan. Solo la consciencia de que mañana podríamos estar muertos templa el espíritu y alerta el alma: no hay tiempo que perder en elucubraciones y conjeturas, sólo cuenta el acto consciente que nace de la decisión consciente, por definición siempre arriesgada. No hay poder en el universo ni astrólogo en la tierra que nos pueda asegurar que mañana aún estaremos en este maravilloso planeta. Esta incuestionable certeza habría de ser el revulsivo para acabar con toda ilusión de un futuro controlable y abrir las compuertas de una pasión que me lleve a apurar el instante y a despreocuparme del futuro (o a despreocuparme de mí que es lo mismo), a desterrar la fútil pretensión de creer que puedo controlarlo mejor (sobretodo sí el astrólogo me previene de él cuando me lee los tránsitos y progresiones)

La Astrología es un estupendo regalo que el Espíritu nos dio. Es un arma, para ayudarnos en la única batalla que vale la pena: la que nos plantea nuestra autoimportancia y nuestra autocompasión, todo ello creado por el orden social que nos cobija. Nos enseñaron a sentirnos importantes a autocompadecernos y a ser demasiado indulgentes con nosotros mismos. Y ahí radica el meollo de todos nuestros errores. La Astrología habría de utilizarse para acabar con todo atisbo de falsas seguridades que provocan los falsos saberes y las ilusiones de control y de conocimiento. Sólo después de esta tarea socrática brotará en nosotros lo necesario para aprovechar su magia: permitirnos jugar el gran juego que el Espíritu nos propone. Un juego cuyas reglas son: no me conozco por tanto puedo abrirme a lo imprevisible, no sé lo que me conviene ni cual es el próximo paso que he de dar en este planeta por tanto he de estar alerta a las señales y augurios. No sé que experiencias necesito, ni necesito saber cual es mi meta en la vida, no creo en los sistemas de creencias. No sé pero intuyo-siento una tensión especial: la que me une con el Cielo. No conozco su naturaleza pero constato la presencia en mi vida y en la de los que me rodean de una fuerza todopoderosa: el Espíritu.

La Astrología nos puede ayudar en la tarea magna de volvernos conscientes de nuestro destino universal como seres luminosos soñadores y, como ser individual que cada uno es, del sueño potencial de nuestra vida llamado destino. La Astrología deviene una herramienta útil para lograr un objetivo esencial: limpiar y reavivar nuestro vínculo de conexión con el Espíritu.

Los tránsitos, progresiones, etc. son los momentos fuertes, el tempo de la revelación de señales (sincronicidades, encuentros, desencuentros, crisis, problemas, alegrías, penas y glorias, etc.) que nos guían, que nos conducen a descubrir nuestro ser y nuestro destino. El astrólogo debería ayudarnos a incrementar nuestra alerta, afinar la escucha para así captar las señales del Espíritu. Tratar de que el cliente perciba por sí mismo la "oportunidad mínima" que le brindan los tránsitos: el estar consciente de su propia conexión con el Espíritu y limpiar dicha conexión de los efectos nocivos de las preocupaciones de la vida cotidiana. El símbolo astrológico ha de ser un inductor de descubrimientos. Su interpretación ligada, no a un conjunto de descripciones y aseveraciones, sino a la tarea de atender al reclamo del Espíritu para descubrir que quiere de nosotros. Es un reclamo y un reto que nos conducen a la plenitud del ser y a la libertad del vivir.

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