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NODOS LUNARES

Por Graciela Domínguez

Teniendo en cuenta que los Nodos son, para la perspectiva geocéntrica, el punto de encuentro y de cruce entre las supuestas “órbitas” que describen el Sol y la Luna alrededor de la Tierra, bien podemos pensarlos como aquella polaridad sobre la cual podrá articularse el aspecto que encontremos en la carta natal, entre los luminares.

Tanto para los astrólogos antiguos como para los hindúes, estos Nodos tenían características de “malignos” y, en tanto puntos en un mapa natal, eran pensados con la misma categoría que cualquiera de los planetas. Les llamaban Cabeza de Dragón, y Cola de Dragón (Caput Draconis y Cauda Draconis, o, Rahu y Ketu). Creo que no es difícil ni absurdo suponer que esta manera de pensarlos respondía a la particular articulación que existía, en ese momento de esas culturas, entre lo fatalmente determinado y lo poco de libre albedrío al que un hombre tenía acceso.

 

Quizá por ser culturas esencialmente religiosas, o quizá por pertenecer a sistemas de razonamiento y modos de ver la vida acabadamente fatalistas, el encuentro o el aspecto cerrado entre un planeta y alguno de los Nodos, encerraba el misterio de la cadena que une al hombre con su destino fatal, con su sino. Siendo así, la malignidad quedaba representada justamente por esa encerrona donde poco o nada podía hacerse para evitar el ajuste de cuentas con la vida, con lo pendiente, con lo no saldado ni resuelto. Con lo reprimido y con lo negado, diríamos hoy, desde el advenimiento del psicoanálisis.

Siempre encontré, en mi práctica en la consulta cotidiana, cierta dificultad en realizar eso que los más esotéricos de nuestros astrólogos actuales, llaman “trabajar los Nodos”… como si representaran una energía en particular, como si tuvieran fuerza propia. No pudiendo adherir sin reservas a la teoría del Karma, supuse que de todos modos debía haber un modo de leerlos e interpretarlos para todos aquellos clientes o pacientes a quienes no podríamos hablarles en ese lenguaje. Por otra parte, aún asumiendo que la teoría del Karma fuera la correcta, en los términos en los que hoy podemos trabajarla cuando hacemos astrología, tampoco deja de ser verdad que, si esa ‘información’ está ‘guardada’ en algún lugar de nuestro reservorio mnémico, por fuerza este debe ser inconciente. Por lo tanto, decidí ver qué ocurría si lo trabajaba con mis pacientes en los mismos términos en los que trabajo el resto de los contenidos inconscientes.

Intentando reflexionar acerca de su significación más simbólica, en términos de lo que representan, y “significan”, encontré muy enriquecedor pensarlos en términos de “articulación”: punto de encuentro y ligazón entre dos líneas, dos recorridos, dos direcciones, dos órbitas. Punto de articulación, entonces, entre lo que queremos, dirigido por la voluntad hacia el futuro y nuestro proyecto (el Sol), y nuestro inconciente, nuestra memoria, nuestro pasado, nuestras necesidades y nuestros saldos pendientes (la Luna).

Si tenemos en cuenta que, quienes se identifican con la teoría del Karma, tambien lo hacen con la del Inconciente Colectivo planteada por Jung, tal vez no esté diciendo yo nada novedoso… sólo uso otra metáfora y otro modo de leerlos. De hecho, el simple dato de que configuren un Eje en nuestra carta, nos marca una polaridad por la que debemos responder con… la energía propia de toda la carta.

Otro punto de inflexión es el tema de si deben ser leídos como un recorrido que fatalmente debe hacerse de sur a norte. Desde el pasado al futuro. Desde el lado oculto, al lado visible.

En mi experiencia de trabajo con estos ‘significados’, encontré siempre muy complejo aislar un signo de su opuesto. Siempre que uno se expresa con más fuerza y claridad, el otro acecha desde la oscuridad y desde el anhelo.

El largo camino recorrido con el psicoanálisis me enseñó que cuando esto se presenta de este modo, el único recorrido posible para poner en evidencia el conflicto y tramitar algunas vías de resolución, pasa por poner ambos polos en el mismo plano de la conciencia, ponderarlos, e intentar la integración. Finalmente, el resultado de este trabajo, no es más que la mecánica de resolución de conflictos, cuando uno de los términos se expresa con claridad mientras el otro permanece encerrado en el más profundo desconocimiento del inconciente, pero no por eso menos real, menos verdadero o, sobre todo, menos eficaz.

El trabajo con la Carta Natal de varios de mis pacientes, me mostró hasta qué punto esta modalidad puede ser beneficiosa para interpretar los Nodos. Dado que el eje nodal puede verse con claridad expresado sólo a lo largo de casi toda una vida, no me pareció imprudente tentar su integración a partir de los elementos más deseables de cada uno de los signos, tratando de contrarrestar los indeseables con la ayuda del signo contrario. La fórmula entonces, sería más o menos así: fijar los elementos más deseables de cada uno de los dos signos, contrarrestando los indeseables con los deseables del signo contrario.

El otro factor que se me aparecía como significativo, sobre todo por lo descuidado, es a partir de qué elementos de la carta (concretamente: qué planetas y con qué aspectos) esta integración sería obstaculizada o facilitada. A partir de qué elementos planetarios, medir esa dificultad. Qué elementos planetarios se mostraban como siendo la herramienta fundamental para llevar adelante este trabajo.

Que la polaridad nodal sea el camino de Sur a Norte en nuestro crecimiento (como sostienen los que adhieren a la teoría del Karma), o que esa polaridad marque un puente entre dos aspectos antagónicos pero complementarios marca sin embargo, una diferencia. La distancia puede ser la misma, pero la dirección del recorrido es, en el primer caso, sólo de una mano, mientras que en el segundo caso es más vale una avenida de doble mano por la que recorremos la vida, impulsados o interferidos, por el aspecto que se encuentre entre nuestro Sol y nuestra Luna, que son finalmente (los luminares y el aspecto entre ellos) las herramientas que tenemos para internarnos allí.

Más allá de cuántos sean los grados que formen el aspecto, lo considero formalmente realizado cuando se realiza entre los signos en los que se ubican. Por eso tomo sólo los aspectos formados por múltiplos de 30 grados, y en principio no he considerado en este análisis nada acerca de la domificación. Quedará para otro trabajo, verificar si hay predominancia de áreas en la resolución, y en ese caso, cuáles: si las que ocupan el Sol y la Luna, o si las que ocupan los nodos. O si todas ellas, y entonces de qué manera.

En la práctica se verifica que quienes tienen un trígono o un sextil entre los Luminares, tienen más facilidad para recorrer la polaridad e integrarla. Quienes en cambio, tienen cuadraturas o repiten la oposición, necesariamente pendulan más en el recorrido, ya que deben hacer el camino una y otra vez, hasta conseguir algún atisbo de integración.

Quienes tienen quincuncio o semisextil, en cambio, tardan en descubrir esa ruta. De a ratos, pendulan. Por momentos, parecen integrar pero el ‘atisbo’ de integración se les disuelve entre las manos y vuelve a la oscuridad. Esto está relacionado con el hecho de que los planetas unidos por quincuncio y el semisextil, al ‘no contemplarse’ en términos de Ptolomeo, plantea un trabajo extra: ver lo que no se ve. Es como mirarse de frente la espalda: algo que sólo puede hacerse con una gran cuota de visión, voluntad conciente y autodisciplina.

Tal vez el caso más interesante sea el de la conjunción. Del mismo modo que quienes tienen conjunciones de planetas que son opuestos entre sí o polares por sus características, la conjunción Sol-Luna marca un desarrollo más notable en el Eje de los Nodos. La conjunción no siempre garantiza por sí misma una buena integración. O, para decirlo de otra manera, si la garantiza, estará tan forzada que en el caso de planetas antagónicos en sus significaciones, trabajará buena parte del tiempo cual si fuera en realidad, una oposición.

Si logramos independizarnos de la mirada táctica con la que buscamos rasgos físicos y psíquicos, conductas, gestos, singularidades o algún acontecer meramente fáctico en una Carta Natal, y podemos acceder a una mirada más estratégica, podremos divisar a lo largo de la vida de una persona cierto desarrollo vital enmarcado en las características del eje nodal. A-lo-largo-de-su-vida, digo. No en sus situaciones puntuales. No en sus aconteceres. En su dirección. No en las características que le imprimen sus configuraciones planetarias, ni la particular domificación concerniente al lugar donde ha nacido. En su rumbo a largo plazo. No la ruta que ha tomado, sino su punto cardinal.

Veamos… Siendo así, la lectura que se impone tomaría las siguientes características:

Eje Aries-Libra

Devanándose permanentemente como si fuera un ovillo de hilo entre una relación con el otro y el desarrollo de la propia individualidad, el sujeto que porta el eje Aries-Libra hace finalmente de su vida un camino signado por los hitos de las relaciones que ha tenido o ha perdido.

Con aspectos tensos entre el Sol y la Luna, es probable que esto haya cursado con dolor, profundos desgarramientos y parejas muy parciales, donde la dificultad estribó justamente en no poder abarcar la problemática de la relación si no a costa de una escisión del sujeto.

Con la oposición, a veces se disfraza de Aries, y a veces se vuelve concesivo como Libra, hasta que estalla en una escena típicamente ariana, y se marcha. En general, pendula hasta caerse por alguna de las puntas. Sólo para volver a empezar… Recordemos que la oposición en sí misma, como aspecto, tiene características librianas. Pendular, ir de un extremo al otro sólo para volver a empezar como Sísifo, es su esencia. Mediar sería su solución, si no fuera por que la irresolución es lo más característico de Libra.

Con la cuadratura, la tensión en la relación es permanente y en la soledad tambien.

No hay descanso, ni posibilidad de relajarse. Cada extremo le pone en evidencia el otro como lugar y como objeto: sobra o falta, con lo cual la regularidad o la estabilidad es a los saltos. Del aprendizaje de estas idas y venidas, de esta lucha por un territorio que nunca se sabe bien si es el otro o uno mismo, aparece por el horizonte la posibilidad de alguna integración.

Con el trígono, esta integración va dándose paulatinamente a lo largo de la vida del sujeto. Sin tener necesariamente conciencia sobre este avance, el trígono Sol-Luna garantiza sin embargo cierto crecimiento en esta área, independientemente del esfuerzo que el sujeto concrete alrededor de estos temas.

Con el sextil, es muy probable que necesite pensar sobre esto y sobre sus dificultades en esta área de su vida, sin que esto mismo alcance para un mayor desarrollo, a menos que algún otro factor de la Carta Natal colabore abiertamente.

Unas palabras para el semisextil y el quincuncio: dado que estos aspectos se dan entre signos ‘que no se contemplan entre sí’, en ambos casos se avanza a ciegas…

En el quincuncio, parecería que a pura pérdida. Sospecho que más por el ‘a ciegas’ que porque el quincuncio en sí mismo ‘deba’ traer esto. Digo esto, porque con el semisextil, siendo un aspecto muy menor, pasa sin embargo algo muy parecido. El ‘a ciegas’ se mantiene, sólo que a la larga la tensión mental que producen las repeticiones del conflicto, abren a otros elementos de la carta la posibilidad de intervenir.

El tema en sí de la repetición del conflicto, tiene más estrecha relación con las características propias de todo conflicto, que con las características del signo del que se trate, o de las de los Nodos mismos. Cualquier conflicto, cuánto más inconciente con mayor fuerza, se repite hasta tanto sea resuelto. Hay una frase primordial en psicoanálisis que dice “se repite para no recordar”… . Podemos pensar: se repite, tanto más cuanto no se recuerde el origen… ni se pueda situar la escena original.

En este sentido, tal vez se repita sin mayores variantes, mucho más en la oposición, el quincuncio y el semisextil, que en el resto de los aspectos.

Eje Tauro-Escorpio

En el eje Tauro-Escorpio las disyuntivas están signadas casi totalmente por los temas afines al Tener y al Ser. Cuánto conceder del Ser, para tener y cuánto del Tener, para ser. O lo que es análogo: cuánto constituye el Tener a un sujeto, y cómo se constituye un Ser a partir del despojarse de lo superfluo para Tener verdaderamente (casi siempre Poder, casi siempre al otro como territorio propio que es la escena fundante del sujeto).

Con aspectos tensos entre el Sol y la Luna, es probable que este eje nodal pueda llegar a tomar ribetes trágicos en algunos momentos de la vida. Nada del terreno de la ópera le es ajeno, sobre todo si la carta tiene una conformación importante del elemento agua.

Con la oposición, parecería que no pueden elegir entre el Ser y el Tener. Intentan participar de ambos con la misma intensidad. En general, terminan despojados de casi todo y de mala manera, por maniobras fallidas para tener más de lo que pueden sostener, o para obtener de modos no genuinos. La ambición insatisfecha genera resentimiento, lo que parecería elevar una octava cada vez, el arsenal de artillería dedicado en la vida a obtener. Y siempre, pero cada vez con más fuerza, como si fuera la última vez.

En la cuadratura Sol-Luna se aprecia una lucha similar, pero menos extrema. Tal vez haya más borde para medir el poder real con el que se encara cada maniobra. Y de hecho, situaciones mucho más circunscriptas permiten soluciones de compromiso.

Tambien podemos pensar que, como la cuadratura tiene de por sí, como aspecto, las características del eje Cáncer-Capricornio (los 90° se cumplen del 0° de Aries al 0° de Cáncer y al 0° de Capricornio), el tema del pasaje del agua a la tierra y viceversa como elementos sostén del signo permite, en este caso, una mayor metaforización en los ámbitos de lo interno y lo externo, lo público y lo privado, el mundo emocional y el mundo de lo concreto, lo que es mío en tanto lo tengo y lo que es del otro en tanto lo tiene el otro (el cuestionamiento a la ‘propiedad privada’ tambien lo sistematizó, sin resquicios, un taurino: Carlos Marx).

El trígono y el sextil, en cambio nos traen una mayor capacidad de negociación en este ámbito. O intentos sucesivos de integración, sin tanta amenaza. Las viscicitudes entre el Ser y el Tener parecen poder tramitarse sin luchar. Y combinarse sobre la base de acuerdos.

El quincuncio y el semisextil, en cambio, parecen ser el negativo de esa foto. Ya que cada pérdida revive la reivindicación, y cuánto mayor fuerza, mayor pérdida, las sombras del ‘infierno’ escorpiano parecen ocupar toda la escena amenzando incluso con la muerte. Con alta capacidad de simbolización, esta ‘muerte’ y estas ‘pérdidas’, tambien pueden metaforizarse y pasar a la historia del sujeto como cambios profundos de su vida. Morir y renacer, cual el Fénix, pero aprendiendo cada vez. Con poca capacidad de simbolización, todo amenaza con literalizarse.

Eje Géminis-Sagitario

En el eje Géminis-Sagitario la vida parece estar signada por las cuestiones ligadas al pensar y al actuar. La capacidad para discriminar entre lo importante y lo trivial, y entre aquello que requiere inmediata atención y lo que es verdaderamente importante, que no siempre o casi nunca van de la mano. Involucrarse en las cosas de la vida, pero no perder el propio rumbo, parece ser lo más difícil. Y aprender que las ideas más altas y poderosas, tambien requieren un correlato en la propia vida, si uno quiere sostenerlas. Ante la dificultad de integración, aquí aparecen fácilmente actitudes muy dogmáticas y fundamentalistas, pero sostenidas exclusivamente en el discurso del sujeto. Como si no encontrara la forma de concretarlas a partir de las actitudes. Y por otro lado, un universo partido en trozos, donde cuando se ve el conjunto, no se pueden ver las partes. Pero cuando se ven las partes, no es posible advertir que no son el todo. Si la integración se logra, es muy posible que necesiten hacer cosas de cierta envergadura social.

En la oposición Sol-Luna, se ve esta lucha a lo largo de su modo de abordar aún las cuestiones más importantes de su vida. Pendula desde la indecisión o la dispersión, hasta que de a ratos parece necesitar ponerse dogmático y autoritario para generar allí alguna ilusión de integración posible.

En la cuadratura, el esfuerzo más importante suele ser el de encontrar el ángulo o el foco adecuado para resolver los problemas. Puesto que, desde cualquiera de las posiciones anteriores, parece sentir que le es desleal a algo, siempre, el poder centrar un foco para el análisis de la cuestión que lo ‘encierre’ (verbo muy usualmente presente en las situaciones que considera problemáticas este eje, puesto que la ‘libertad’ es uno de sus valores mayores), lo ayuda a moverse menos, actuar más, pero más lentamente de lo que querría.

En el trígono y el sextil, la integración va dándose tambien lentamente, a partir de la experiencia de que exasperarse y acelerarse sólo dirige hacia un caos mayor.

En el quincuncio y el semisextil, las integraciones que se podrían ir obteniendo, se diluyen como por arte de magia, y se olvidan, como si la capacidad para aprender se disolviera junto con la memoria de lo aprendido. Si no median otros elementos de la carta, es probable que se le dificulte mucho ‘entender’ por qué le ocurre esto. Y por cierto, no habrá integración posible, si no puede pensarlo con claridad.

Eje Cáncer-Capricornio

Este eje, como el de Aries-Libra, podría repetir las características de los ejes angulares del zodíaco en reposo. Así como el eje Ascendente-Descendente marca el camino de la integración entre el Yo ‘y’ el Tú-y-yo luego de haber pasado por un Nosotros relativamente indiscriminado salvo a costa de recortarse del ‘todos-los-demás-del-mundo’, así, de esa general manera, digo, el eje Cáncer-Capricornio parece traer las resonancias de los conflictos entre el mundo interno y el externo, el ‘para-adentro’ y el ‘para-afuera’ de la vida. Lo emocional y lo social. La intimidad y la imagen. Las necesidades y el status. Donde descanso y donde rindo examen. Parecería que lo más difícil para este eje se configura en tolerar situaciones donde debe descansar, relajarse, o plantear sus necesidades allí donde debe cuidar su imagen. Y al revés, si de repente algo lo hace considerar que le están tomando examen allí donde consideró que sólo era un espacio para relajarse y descansar.

Bueno, esto es exactamente lo que le ocurre a quienes tienen las luminarias en oposición. Necesitan preservar su intimidad de miradas extrañas, y mantener su vida social muchas veces muy aisladas de su hogar y su familia. Cuando esto aparece como difícil, generalmente una de las dos áreas aparece claramente menguada en importancia a costa de la otra. Lo mismo ocurre en el quincuncio y el semisextil. E incluso puede tomar la misma forma, en la conjunción, variando de ámbito en función de que sea una carta femenina o masculina.

En el caso de la cuadratura, en cambio, la tensión encubierta pero persistente que esto conlleva genera algunos ‘pactos’ que pueden ir cambiándose a lo largo de la vida, pero siempre tendientes a separar claramente un ámbito del otro. No debemos olvidar que la cuadratura en sí, ya tiene las características de Cáncer y de Capricornio, por lo que sería un ‘significado’ claramente reforzado y por lo mismo, más difícil de desconocer.

En el trígono, la integración es más factible, pero generalmente en la primera etapa de la vida conlleva períodos donde más que integración, lo que se ve es una mezcla, donde parecería que al sujeto le costara percibir las diferencias entre los ámbitos públicos y privados, propios y ajenos. El dilema necesidad-responsabilidad puede operarse con mayor claridad, seguramente recién después del primer retorno de Saturno. Después de esto, el sujeto parece poder llevar con más soltura la diferencia entre estos ámbitos, volverse más respetuoso y a la vez, más claro acerca de dónde debe o puede tener acceso a qué.

Eje Acuario-Leo

Con este eje, las alternativas de la vida parecen transcurrir en la primera parte de la vida como si el nativo no tuviera mucho que hacer de su parte para esforzarse en encontrar su camino. Ocupa un lugar, y ni bien se siente cómodo allí, todo pierde el brillo que parecía tener. En general parece requerido dar un viraje voluntario e importante en algún momento, perder los lugares de seguridad adquiridos sin esfuerzo y tener que generar un cambio rotundo que casi siempre incluye desde los intereses más cotidianos hasta la profesión. Muchas veces interviniendo en la política de su época, muchas otras incursionando en actitudes originales o no convencionales que trascienden, pero para lo cual tienen que abandonar ese lugar maravilloso y único que querían para sí.

Este eje recorre el camino natural de las casas 5-11: de lo más personal a lo grupal, del narcisismo al grupo-red o institución donde el interés personal se subsume en el social, de la identidad estructurada al mundo de los otros. Desde lo que soy, al proyecto de lo que puedo ser. Como Leo, tiene características en sí mismo, de trígono. Como Acuario, las tiene de sextil. Como signos activos, la suma aire-fuego resume la actividad del camino en pensar y ser y actuar.

Con aspecto de oposición, cada una de estas áreas pedirá para sí lo que cree que la otra le extrae. El camino entre la afirmación personal, y la adecuada articulación en un todo mayor, traerá conflictos que a lo largo de la vida le enseñarán a permanecer sin perderse, o a diferenciarse sin dejar de participar y sin aislarse.

Con aspecto de cuadratura, la tensión de la oposición será la que determine que en cada incluirse, deberá estar presente sin falta, el hacerse notar para saber que está.

Con trígono o sextil, la articulación viene como dada sin esfuerzo: el liderazgo será seguramente el modo en el que encontrará el modo de realizar ambos polos.

La conjunción aquí tendrá una nota particular: es imposible saber de antemano cómo se expresará. A veces como trígono, a veces como oposición.

Para el quincuncio y el semisextil queda la difícil tarea de una integración que duele en Leo (esto es: en la individuación) y se resuelve sobre la base de ceder territorio al gran otro que son los intereses del conjunto.

Eje Virgo-Pisicis

Tal vez uno de los más difíciles del zodíaco, cualquiera sea la lectura que se le de. De la total capacidad de fusión, a la total capacidad de discriminación. De la diferenciación como modo de articularse como sujeto, a la disolución como modo de identificarse con lo humano. Del todo es posible, al nada será suficiente.

Lo más difícil con este eje, es encontrar un punto de anclaje donde la satisfacción sea posible. La decepción de Piscis por todo lo que no es tan sencillo, a la eterna falta de Virgo, hay un casi símil de percepción acerca de la vida.

En la oposición se ve con claridad como el todo cuantificable de Virgo, lo pone al servicio, pero sin fe de poder. Al tiempo que Piscis aporta el tamaño de una dimensión con la que nadie podría. Así las cosas, en la oposición, la depresión es un modo en el que la vida aparece como poco satisfactoria, y sobre todo, poco cambiable.

En la cuadratura, la alternancia da una mirada más parecida al semisextil pisciano: todo es de a ratos. Sin tregua, pero sin pausa, se intenta sin hallar la integración hasta tanto no se puede recortar el territorio.

En el trígono o el sextil, las actividades dedicadas al servicio al todo del otro, permiten ir avisorando ciertas áreas donde la integración es posible. Aún cuando no sea el ‘todo’ de Piscis.

Finalmente, en el quincuncio, a pura pérdida, la integración se halla al final de un camino donde perder la cuantificación y el detalle no mella la capacidad de valorar la vida.

Esta es una mera aproximación o/y generalización acerca de estos ejes. Está dicho: queda por ver si la domificación determina el rumbo o el pasaje. O si aporta, por casa del Nodo o por signo de los luminares, características peculiares que puedan ser aprovechadas en un trabajo terapeútico.