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La estructura astrológica de “El Principito”

Por David González
A Lucy, por el color del trigo.

Homenaje a Antoine de Saint-Exupéry en el centenario de su nacimiento y en el quincuagésimo octavo aniversario de la redacción de El Principito.

La astrología como modelo de análisis

 

A la astrología se le ha considerado como modelo de comprensión del universo humano, como la herramienta privilegiada para el análisis simbólico de las diversas obras hechas por el hombre. Si bien históricamente se le ha entendido como una estructura subyacente al devenir del acontecer terrestre, o como la clave para develar el rítmico ciclo del tiempo en función de las fuerzas cósmicas que rigen cuanto existe sobre el planeta, a su vez es una herramienta hermenéutica, tan válida o cuestionable como cualquier otro modelo de conocimiento.


Desde esta perspectiva, la astrología puede servir para el análisis de una obra científica o artística, si ésta se ajusta a la estructura simbólica de la interpretación apoyada en arquetipos y significados propios del quehacer de aquélla. Siendo así, dicha obra no necesariamente tuvo que ser concebida empleando una directriz astrológica para encontrar en ella los símbolos; más bien, son ellos los que encuentran en la obra las formas concretas de materialización de su esencia abstracta. La obra literaria no escapa a este fin, pues es susceptible de análisis bajo tales parámetros.
Obras artísticas de todas las épocas han sido creadas con base en una estructura “esotérica”, cabalística o astrológica (desde anagramas hasta catedrales). Dentro de dichos trabajos se encuentran numerosos textos que cumplen con tan especial condición, generalmente bajo la apariencia de relatos infantiles. Sus autores –en la mayoría de los casos iniciados en algún movimiento espiritual o conocedores de símbolos ancestrales– se han preocupado por que las fórmulas literarias no rivalicen con las “ocultas”. Al parecer este no es el caso de Saint-Exupéry, pues no se conoce filiación alguna con escuelas de este tipo, particularmente con la astrología.
Raras veces se hace una aproximación astrológica como la que aquí se propone. Para este estudio se eligió el libro El Principito del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry en forma de homenaje al autor y a su obra, por los aniversarios que se cumplen en el año 2000. El modelo astrológico como base estructural se pone así a prueba como forma de análisis, siguiendo estudios hechos anteriormente por quien escribe (especialmente en obras pictóricas, escultóricas y arquitectónicas), aprovechando la facilidad didáctica que ofrece el texto mismo. Con ello no se menosprecia ni su complejidad ni el trascendental mensaje que porta; simplemente se reconocen estas características y, como agregado, se superpone el andamiaje astrológico. Lógicamente queda a juicio del ojo crítico el resultado, un poco artificioso por forzar tanto la obra como el modelo con el objeto de que compaginen en un esquema coherente, pero punto de partida para nuevas indagaciones.
Ocasionalmente se tomarán algunas licencias en la interpretación para el análisis de El Principito, pues se aprovecharán las bases astrológicas tradicionalmente divulgadas, dejando a la apertura de pensamiento de cada quien la aceptación de esta propuesta metodológica. Es cierto que el rigor debe acompañar este ensayo, por tanto en aquellos momentos en los que el compás se abra demasiado se tratará de dejar en claro las justificaciones y los procedimientos que se siguieron para cada uno. Quizás para los ojos poco entrenados este ejercicio sea la prueba de que la astrología le encuentra “cinco patas al gato”; sin embargo, para los entendidos, es una muestra más de la eficacia del milenario modelo de sabiduría, renovando sus contenidos en cada nueva creación del pensamiento humano. Que escuche quien tenga oídos.
Aunque usualmente no se debe partir de una lectura previa por parte del lector para una ponencia, sobra advertir la necesidad de conocer por anticipado el texto de Saint-Exupéry por cuanto aquí sólo se refiere el análisis de la obra, omitiendo en muchos casos la referencia literal para rescatar la idea arquetípica útil para el sistema astrológico. Una re-lectura a tan bello texto nunca está de más.

 

Saint-Exupéry y El Principito

Muchas biografías sobre el autor francés se establecen paralelos entre su personalidad y la de su pequeña creación (1). La mayoría de los libros de Saint-Exupéry narran historias propias, siendo un común denominador el carácter moral de los textos. Su aproximación al hombre envuelto en situaciones más allá de las posibilidades de su voluntad han generado reflexiones muy profundas. De hecho, Heidegger consideró al Principito como un libro existencialista. Sin embargo, es de interés especial lo que astrológicamente puede observarse sobre el autor y el texto, así que se expondrán algunas inquietantes ideas como introducción al estudio astrológico relacionando las Cartas Astrológicas del escritor y de su obra.
Interesa saber que Saint-Exupéry nació el 29 de junio de 1900. En su Carta Natal aparecen el Sol y Venus en Cáncer y la Luna y Mercurio en Leo. Sobra describir lo que estas cualidades representan en su personalidad; sin embargo por las características del Principito se le ha relacionado con el signo Acuario; por su aventura con Capricornio. Esto puede relacionarse con el Sol en Cáncer y la Luna en Leo del escritor, por cuanto corresponde a los signos complementarios. Si bien un niño inquieto como El Principito puede corresponder al signo de Aries, luego de una lectura más profunda queda claro que las preguntas que hace, sus reflexiones y su relación con la vida no responden a las características del impulsivo primer signo. Quizás Saint-Exupéry proyectó en su protagonista esas dudas que le asaltaban frente al comportamiento humano, a la amistad y a la muerte, pues si bien aparecen en otros textos (Vuelo nocturno, Tierra de hombres) es aquí donde la fórmula poética alcanza su expresión más importante.
La interpretación de la Carta con tan pocos datos es imprecisa, sin embargo pueden extraerse más conclusiones a partir de las posiciones de algunos planetas sin necesidad de mayores precisiones. Saint-Exupéry tiene Marte y Neptuno en Géminis, de lo cual puede interpretarse su inclinación por la escritura –en especial podría aducirse la popularidad de un libro moral sobre un niño– y Júpiter, Urano y Quirón en Sagitario, de donde se establece su relación con los viajes, con la aviación y con su vida en el extranjero.
Una oposición Géminis–Sagitario como la del escritor y aviador es muy interesante: Marte en Géminis se opone a Júpiter en Sagitario; además, Urano en Sagitario traza un trígono hacia la Luna. El tipo de escritura de Saint-Exupéry es biográfica, aunque el narrador aparece en tercera persona. En El Principito las moralejas son múltiples; son como consejos a los ojos de la experiencia del viajero frente a situaciones novedosas, pero vistas con sentido común; sin prevenciones aunque con el compromiso latente frente a la fortaleza que brinda la amistad.
Como conclusión a tan rico tema una breve nota más: el aviador inicia la escritura de El Principito en el verano de 1942 en Nueva York, con Saturno opuesto a su Urano natal, Urano opuesto a su Júpiter natal y recién pasado sobre su Marte natal. La relación entre Urano y el sentido de libertad (orfandad soledad, ligereza...) se hace presente en el texto. Júpiter refuerza el carácter casi religioso de los documentos de Saint-Exupéry y en 1942 (luego de transitar sobre el Sol natal) se hace presente en forma definitiva, a la vez con una curiosa presencia de Marte: cuadratura entre Marte transitado y Marte y Júpiter natales; trígono entre, Plutón transitado y Júpiter y Urano natales. Además, una cuadratura entre Neptuno transitado y Neptuno natal reviste de un lenguaje prácticamente místico la obra del escritor durante esta fecha.

La estructura astrológica de El Principito

Ya para entrar en el tema se realizarán tres aproximaciones a la obra, estableciendo las correspondencias necesarias con el sistema astrológico. Con esto se espera abrir la inquietud metodológica y lo que con seguridad será un contrapunto de opiniones en relación con la aplicación hermenéutica aquí propuesta de los signos astrológicos, especialmente por las opciones que se dejan abiertas en los modelos de interpretación.

1. El planeta del Principito
En el planeta del Principito es el primer mundo completo que se le presenta al lector. En él conviven los cuatro elementos:

Fuego: los volcanes, dos activos y uno inactivo, aunque nunca se sabe.
Tierra: los baobabs, que demandan trabajo de quien cuida del planeta puesto que son invisibles al principio, pero no se les puede dejar crecer.
Aire: la vanidosa flor que habita el planeta y cuya fragilidad exige una especial atención sobre ella (biombo, globo, regadera). Además, ella supone que las espinas que tiene la defienden de los peligros que le rodean.
Agua: el planeta será habitado por un cordero, sólo visible por quienes comparten el secreto de su existencia.

2. Los amigos del Principito

En su viaje, el Principito conoce a varios personajes. Desde la óptica de la astrología en ellos pueden reconocerse los doce arquetipos tradicionales. Para la interpretación que aquí se expone se contemplaron aspectos de los signos en función del conocimiento tradicional, la relación con el signo opuesto en tanto característica complementaria y cierta laxitud favorable para el modelo.
Según el orden en el que el Principito encuentra a los personajes del libro (el encuentro con cada uno no sigue el orden convencional de los signos zodiacales, aunque más adelante se anotarán coincidencias muy interesantes) y una muy personal interpretación en relación con los signos astrológicos –discutible como toda interpretación– estas son las apreciaciones según tres modelos completos de doce signos:

El Principito: debido a su forma de pensar, a su único apego –la libertad– y a la manera como reflexiona frente a cada nueva experiencia, sin duda El Principito encarna al arquetipo acuariano. Anteriormente se le relacionó con Capricornio.
La Flor: por su comportamiento y por las preocupaciones que le aquejan puede ser la representación de Libra. También lo puede ser de Tauro; en cualquier forma Venus le es muy cercana.
El Rey: por razones obvias puede encarnar al signo Leo. Sin embargo, la impulsividad de este muy especial rey lo aproximan bastante al signo de Aries.
El Vanidoso: una forma de interpretar esta forma de ser es como Géminis, por cuanto las dos caras relacionan apariencia y vanidad. Por la preocupación por la imagen, el vanidoso puede ser también una manifestación de Libra.
El Bebedor: Son numerosos los astrólogos que relacionan el signo Piscis con la bebida, por tanto aquí se sigue tal constante.
El Negociante: La actividad de conteo del hombre de negocios es afín a Capricornio y a Virgo; sin embargo su carácter de negociador, a la vez que su ambición lo acercan más a Géminis.
El Farolero: como representante del signo Virgo, el farolero cumple rigurosamente su monótono trabajo según las reglas que el entorno le indica. Como Cáncer es también fiel a la consigna, además “se ocupa de una cosa ajena a sí mismo”, como dijo el Principito.
El Geógrafo: Por su oficio, el geógrafo es afín a un signo de tierra. Así, Tauro puede representar el escenario natural; sin embargo, Capricornio encarna mejor el estudio que le preocupa documentar al personaje del texto (En la versión cinematográfica de El Principito cambian al personaje por un historiador, el cual ajusta más aún al décimo signo)
La Serpiente: Es la personificación de Escorpio, no sólo porque tradicionalmente este signo ha sido asociado con reptiles sino además por la función que cumple en el relato: es quien ayuda al Principito a volver a su planeta: “sólo hubo un relámpago amarillo cerca de su tobillo”.
El Zorro: Algunos astrólogos relacionan al zorro con el signo Aries; sin embargo aquí se propone su relación con el signo Leo por cuanto es quien protagoniza el capítulo más importante del texto y le enseña al Principito la lección más sobresaliente en la tierra.
El Comerciante: El comerciante ha sido relacionado tradicionalmente con el signo Géminis, pero el muy particular asunto que le ocupa –píldoras para la sed para ahorrar tiempo– lo acerca más a Cáncer.
El Guardagujas: Aunque siempre se relaciona a Sagitario con el viajero, en este caso es el Guardagujas quien lo encarna, justamente por el juego que el texto presenta entre ir, venir y permanecer. Es la sensatez frente a la inutilidad del viaje.

 

PERSONAJE

OPCIONES DE INTERPRETACION ASTROLOGICA

Principito Acuario Acuario Acuario
Flor Libra Tauro Tauro
Rey Leo Aries Aries
Vanidoso Géminis Libra Libra
Bebedor Piscis Piscis Piscis
Negociante Capricornio Virgo Géminis
Farolero Virgo Cáncer Virgo
Geógrafo Tauro Capricornio Capricornio
Serpiente Escorpio Escorpio Escorpio
Zorro Aries Leo Leo
Comerciante Cáncer Géminis Cáncer
Guardagujas Sagitario Sagitario Sagitario

La tercera opción conjuga más claramente lo que aquí se pretende esquematizar. En esta descripción los personajes principales del texto conforman la denominada “Cruz Fija” en astrología así: el Principito, Acuario; el Zorro, Leo; la Flor, Tauro; y la Serpiente, Escorpio. Hay que admitir que esta asignación puede parecer tendenciosa, pero es válida luego del trazado general descrito.

3. Esquemas geométricos
Siguiendo la segunda opción del cuadro, se puede realizar el siguiente esquema geométrico, partiendo del orden en el cual aparecen los personajes en el texto:

Primero se señalan los signos que conforman la cruz ya descrita:

Cruz: Principito, Flor, Serpiente, Zorro.

A continuación se enumeran, en orden de aparición, los personajes y su relación astrológica formando pares, que como se verá siguen el orden de la rueda zodiacal:

Aries – Libra: Rey, Vanidoso.
Piscis – Virgo: Bebedor, Negociante
Cáncer – Capricornio: Farolero, Geógrafo.
Géminis – Sagitario: Comerciante, Guardagujas.

Conclusión

Si bien el armazón estructural astrológico pudo ser ajeno al momento de creación de una obra como la analizada, ello no impide que sea una herramienta de estudio de sumo interés. Sin embargo, hay que reconocer que su consistencia conlleva un cierto grado de rigidez, con lo cual no se ajusta del todo a la obra objeto de análisis, o deja lugares para la duda bastante evidentes.
Se pueden obtener tantos esquemas de interpretación como se desee; prácticamente cualquier elemento sirve como apoyo para dibujar un arquetipo. Quizás este sea un argumento a favor de la fragilidad del modelo astrológico como método de análisis. Sin embargo, por el número de personajes, por su orden de aparición, por sus características, al parecer no es tan fácil descartar que exista un patrón subyacente en el texto, tal vez justamente por el carácter de la aventura del Principito: el deseo de conocer, ese mismo que ha guiado a diferentes culturas para crear formas de pensamiento y métodos de análisis igualmente válidos como frágiles, incluyendo tanto la astrología como la ciencia o el arte. Que la reflexión sobre este tema sea una invitación a continuar insistiendo en esta arquetípica empresa humana.

NOTAS:

(1) Como biografía se recomienda en especial la de Cate, por cuanto se ha convertido en un clásico del género y trata en forma detallada y amena la vida del aviador escritor. CATE, Curtis. Saint-Exupéry. Buenos Aires: Emecé, 2000.
(2) El viaje de El Principito puede relacionarse con el sendero iniciático presente en numerosos ritos culturales; sin embargo, aquí no cobra tal dimensión más que como lugar de encuentro en el devenir de los doce estadios, encarnados en los personajes del relato.
(3) Se ha omitido al aviador en este recuento por ser el narrador y autor. Sin embargo no sobra señalar que por sus expresiones y por su oficio puede ser tratado como un personaje más, aunque ello dañaría el esquema de doce arquetipos, incluyendo en ellos a El Principito.